El Salón de la Plástica Mexicana (SPM), uno de los espacios más emblemáticos para las artes visuales en el país, se prepara para dejar la sede ubicada en Colima 196, en la colonia Roma Norte, luego de que el propietario del inmueble notificara la no renovación del contrato de arrendamiento, el cual concluirá el próximo 30 de abril. La decisión, según información oficial, responde a intereses del dueño del edificio y no a adeudos por parte de la institución.

Ante esta situación, integrantes del Salón confirmaron que mantienen conversaciones con el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) para encontrar un nuevo recinto que permita dar continuidad a las actividades del espacio fundado en 1949 y que ha reunido a varias generaciones de artistas mexicanos.

La artista Aliria Morales, miembro del SPM, señaló que el principal objetivo es garantizar una sede digna que preserve la operación del Salón y fortalezca su proyección hacia nuevas generaciones. De acuerdo con la creadora, las reuniones recientes con autoridades del INBAL han abierto la posibilidad de identificar espacios alternativos cercanos a la ubicación actual, además de impulsar estrategias para revitalizar la comunidad artística vinculada al organismo.

Entre las propuestas destaca la reactivación de la convocatoria Puertas abiertas, mecanismo que permitiría integrar nuevos artistas, algo que no ocurre desde 2008. Para Morales, la renovación generacional es un paso indispensable para asegurar la vigencia del Salón: sin nuevos creadores, afirma, el proyecto corre el riesgo de perder dinamismo dentro del panorama artístico contemporáneo.

El Salón de la Plástica Mexicana fue fundado el 16 de noviembre de 1949 con la participación de figuras como Diego Rivera, Rufino Tamayo, Gerardo Murillo “Dr. Atl” y Pablo O’Higgins, y posteriormente se integraron artistas como Juan Soriano, Olga Costa y Leopoldo Méndez. Actualmente cuenta con más de 300 integrantes y forma parte de la red de museos y espacios culturales vinculados al INBAL.

Mientras se concreta el traslado, artistas y autoridades culturales coinciden en que el reto principal será asegurar un espacio que permita mantener exposiciones, actividades de investigación y programas de formación, al tiempo que se replantea el papel del Salón dentro de la escena artística actual.