Cada 30 de marzo, México rinde homenaje a uno de los platillos más emblemáticos de su cocina. El Día del Taco se ha convertido en una fecha que reconoce el papel cultural de este alimento que, más allá de ser un antojito callejero, forma parte de la identidad culinaria del país.

En cualquier esquina, mercado o taquería se puede encontrar una versión distinta del taco. Los hay de guisado, de canasta, de carnitas, de bistec o de suadero. Sin embargo, entre la enorme diversidad que existe, hay uno que ha logrado convertirse en símbolo de la capital mexicana y en uno de los favoritos de comensales dentro y fuera del país: el taco al pastor.

El taco al pastor y su historia en la Ciudad de México

El espectáculo del trompo girando frente al fuego forma parte del paisaje gastronómico de la Ciudad de México. La carne marinada se cocina lentamente mientras el taquero corta finas láminas que caen directamente sobre la tortilla caliente, coronadas con piña, cebolla y cilantro.

Este estilo de preparación no solo conquistó el paladar de los capitalinos, también se convirtió en uno de los sabores más reconocibles de la cocina mexicana contemporánea.

Una de las historias más conocidas sobre su popularización está ligada a El Tizoncito, establecimiento fundado en 1966 y ampliamente reconocido como uno de los lugares donde se consolidó el taco al pastor tal como se conoce hoy.

Una taquería que marcó época

Lo que comenzó como un pequeño negocio familiar con el tiempo se transformó en un referente gastronómico para locales y visitantes. A lo largo de más de seis décadas, El Tizoncito ha preservado la técnica tradicional del trompo al pastor, cuidando cada detalle del proceso, desde el marinado de la carne hasta el corte preciso que caracteriza a este taco.

El resultado es un equilibrio de sabores que ha convertido a la taquería en un clásico de la capital. Actualmente cuenta con diversas sucursales en México y presencia internacional, lo que ha contribuido a difundir este estilo de taco más allá de las fronteras del país.

Una celebración que ocurre en cada taquería

Cuando llega el Día del Taco, la celebración suele trasladarse naturalmente a estos espacios que forman parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Reunirse con amigos, pedir una orden de tacos recién cortados del trompo y acompañarlos con salsa y limón se convierte en un pequeño ritual gastronómico que resume el espíritu de la cocina mexicana.

La popularidad del taco radica justamente en su sencillez. Una tortilla, un buen guiso y una salsa bien preparada bastan para crear un platillo que combina tradición, creatividad y sabor.

Por eso, cada 30 de marzo el taco vuelve a ocupar el lugar que merece dentro del patrimonio culinario del país. Ya sea en un puesto callejero o en una taquería histórica como El Tizoncito, celebrarlo significa también reconocer una de las expresiones más queridas de la gastronomía mexicana.