En la avenida Bucareli, una de las más antiguas y emblemáticas de la Ciudad de México, se levanta una joya de la arquitectura afrancesada o ecléctica que ha sobrevivido al paso del tiempo, los sismos y las leyendas: el Edificio Vizcaya. Situado en el número 128, esta construcción destaca por su fachada curvilínea de piedra gris, sus detalles ornamentales estilo francés y su historia fascinante, que combina modernidad porfiriana, glamour artístico y un halo de misterio que aún cautiva a quienes pasan frente a sus balcones.
Una joya del estilo afrancesado en Bucareli
Diseñado por el ingeniero Roberto Servín, el Edificio Vizcaya se construyó entre 1908 y 1923, aunque su inauguración se retrasó por la Revolución Mexicana. Desde su origen fue un símbolo de lujo y modernidad: contaba con cimientos hidráulicos antisísmicos, elevadores habitacionales —los primeros de la ciudad— y un sistema de agua corriente las 24 horas, algo inusual para su época.
En plena efervescencia del Porfiriato, Servín imaginó el edificio como un conjunto de departamentos destinados a diplomáticos, inversionistas y figuras destacadas. Su elegancia evocaba la arquitectura parisina de inicios del siglo XX, lo que convirtió al Vizcaya en una de las construcciones más admiradas de la capital.
Historias, leyendas y grandes personajes
A lo largo de su historia, el Edificio Vizcaya ha albergado a figuras imprescindibles de la cultura mexicana. Entre sus muros vivieron la poeta Pita Amor, el dramaturgo Luis G. Basurto, las actrices Andrea Palma y Rosalía D’Chumacero, y los actores Julio Bracho, Miguel Córcega y Luis Gimeno. En la planta baja, desde 1939, se mantiene viva la tradicional Cervecería Vizcaya, uno de los comercios más antiguos de la zona.
Sin embargo, la fama del edificio no proviene solo de sus residentes ilustres. En torno a él circulan leyendas urbanas que lo han convertido en uno de los edificios más misteriosos del Centro Histórico. El cronista Héctor de Mauleón recogió testimonios sobre la aparición de una mujer que habría muerto trágicamente en uno de los balcones. Algunxs vecinxs narran encuentros, voces, sombras y extraños aromas que se repiten con el paso de los años, alimentando el mito del “fantasma del Vizcaya”.
Del esplendor al olvido… y su renacer
Durante las décadas de los 60 y 70, el edificio enfrentó el deterioro propio del tiempo y los efectos de la ley de rentas congeladas, que afectó gravemente a las construcciones antiguas del Centro. Sin embargo, fueron sus propios residentes quienes —a finales de los 80— decidieron rescatarlo. Mediante esfuerzos colectivos y restauraciones paulatinas, el Vizcaya volvió a la vida.
Hoy, casi un siglo después de su inauguración, el edificio luce renovado. Ha sido catalogado por el INAH como patrimonio histórico, y su interior ha vuelto a ser escenario de la cultura: series, películas y comerciales se filman con frecuencia en sus elegantes pasillos de hierro forjado. Al exterior, conserva su esencia con locales tradicionales de tipografía Art Déco, como la Farmacia Internacional y la Cervecería Vizcaya, que continúan siendo puntos de encuentro para lxs vecinxs de Bucareli.
Un símbolo que resiste el paso del tiempo
El Edificio Vizcaya es mucho más que una reliquia arquitectónica: es un testimonio vivo de la modernidad porfiriana, del esplendor de Bucareli como avenida aristocrática y del espíritu resiliente de la Ciudad de México. Entre sus muros se cruzan historias de arte, amores, fantasmas y resistencia; un recordatorio de que el pasado sigue respirando entre las piedras de la capital.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.