En el corazón del barrio de San Román, uno de los más antiguos y emblemáticos de San Francisco de Campeche, el tiempo y la devoción se encuentran frente a una de las imágenes religiosas más importantes del sureste mexicano. El Cristo Negro Señor de San Román, venerado desde el siglo XVI, ha sido retirado temporalmente de su altar para iniciar un proceso de conservación que busca asegurar su permanencia para las futuras generaciones.
La intervención comenzó el 16 de enero de 2026 y está a cargo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Los trabajos se realizan dentro del propio templo y se extenderán aproximadamente dos meses, con el objetivo de que la escultura esté lista para las celebraciones de Semana Santa, uno de los momentos más significativos para la comunidad devota.
El barrio de San Román nació fuera de la muralla campechana en el siglo XVI y fue habitado originalmente por poblaciones mayas y nahuas. Con el tiempo, se convirtió en un punto clave para pescadores y marinos, quienes adoptaron al Cristo Negro como protector. Desde 1565, la imagen resguarda no solo una profunda tradición religiosa, sino también una parte esencial de la historia social y cultural de Campeche.
La escultura, tallada y ensamblada en madera, mide casi dos metros de alto y se encuentra montada sobre una cruz del mismo material, decorada con láminas de plata repujada. De acuerdo con la tradición, la imagen habría llegado por mar desde Veracruz, reforzando su vínculo simbólico con la navegación y el comercio marítimo.
El proyecto de conservación fue solicitado por la parroquia del templo y financiado por la propia comunidad. Está diseñado y ejecutado por la Sección de Conservación y Restauración del Centro INAH Campeche, con un enfoque que combina la intervención directa con un profundo estudio técnico de los materiales y la manufactura de la obra.
Antes de cualquier tratamiento, la escultura fue separada de la cruz para realizar estudios de rayos X que permiten conocer su estado estructural interno. Estos análisis ayudan a detectar grietas ocultas, degradaciones internas y otros factores que podrían comprometer su estabilidad a largo plazo. Entre los deterioros visibles se encuentran escamas en piernas y pies, ampollas en el torso, fisuras en brazos y piernas, así como pequeñas pérdidas de policromía asociadas al paso del tiempo, los cambios ambientales y la interacción devocional.
La intervención contempla una limpieza cuidadosa mediante métodos mecánicos suaves, seguida de procesos físico-químicos previamente probados para garantizar la compatibilidad de los materiales. Posteriormente se fijarán escamas, se atenderán ampollas, se resanarán grietas menores y se estabilizarán zonas con pérdida de volumen, como la barba. La reintegración cromática será puntual, reversible y diferenciable, enfocada únicamente en mejorar la legibilidad visual de la obra sin alterar su carácter histórico.
De manera paralela, el equipo de restauración realizará estudios estratigráficos y análisis científicos, como espectrometría de fluorescencia de rayos X, cuyos resultados permitirán establecer medidas de conservación preventiva a largo plazo. Toda esta información formará parte de un expediente técnico que servirá como base para futuras decisiones sobre el cuidado del Cristo Negro.
Más allá de la restauración material, este proceso representa un diálogo entre especialistas y comunidad. Los custodios del Señor de San Román han compartido relatos y memorias que enriquecen la comprensión histórica de la imagen, reafirmando su papel como patrimonio vivo del barrio y símbolo de identidad colectiva para Campeche.

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