Raymundo Betancourt es un ingeniero civil que ha colaborado durante años con el gobierno del estado de Durango. A primera vista, se presenta como un ciudadano ejemplar: responsable, generoso y comprometido con su comunidad, al punto de donar dinero y trabajo para instalar un parque infantil. Sin embargo, detrás de esa fachada respetable habita un impulso oscuro. Raymundo siente una atracción obsesiva por las niñas pequeñas, una inclinación que lo ha llevado a trastocar los límites éticos y legales de su vida cotidiana.
Su mirada termina posándose en Aimeé, una mujer con acondroplasia (lo que no la dejó crecer) que, debido a la discriminación y los prejuicios que ha enfrentado, creyó durante mucho tiempo que el amor no era una posibilidad para ella. Cuando Raymundo la corteja, Aimeé se convence de que finalmente ha encontrado afecto y reconocimiento. Pero él solo la desea por su tamaño, y pronto queda claro que su interés responde a una fantasía perversa: la obliga a vestirse de colegiala en la intimidad, reduciéndola a un objeto de su fijación. Aun así, ni siquiera esto satisface su pulsión. El verdadero objetivo de Raymundo es Cinthia, una niña a la que ha “idealizado” tras observarla en una clase de natación.
En El monstruo pentápodo, la escritora mexicana Liliana Blum construye lo que puede considerarse una novela de terror psicológico profundamente perturbadora. Con una prosa directa y sin concesiones, Blum nos introduce en la mente de un depredador, al tiempo que retrata las dinámicas de control, manipulación y violencia que sustentan este tipo de historias. El terror no proviene de lo sobrenatural, sino de lo humano: de aquello que podría esconderse detrás de la puerta contigua.
Aunque existen numerosas películas y novelas que abordan temas similares, la narración de Blum destaca por su crudeza y su capacidad para evitar tanto el morbo como la sensacionalización. Su relato mantiene una cercanía inquietante con la realidad, lo que intensifica la sensación de peligro latente. Esa naturalidad brutal provoca una pregunta incómoda: ¿cuántas atrocidades se camuflan en la normalidad de lo cotidiano?
La novela también es, en parte, el relato de Aimeé. Blum muestra cómo una mujer enamorada puede ser arrastrada, casi sin advertirlo, hacia un rol de cómplice. Lo inquietante es la gradualidad: Aimeé no cruza una línea de un día para otro, sino que es empujada a un terreno de coerción emocional donde la culpa, la dependencia y el deseo de ser amada la vuelven vulnerable. Su historia invita a reflexionar sobre los mecanismos psicológicos que permiten que una víctima se convierta, a la fuerza, en participante involuntaria de un crimen.
En este sentido, El monstruo pentápodo trasciende la mera exposición de la maldad humana para explorar los silencios, las grietas y las estructuras afectivas que sostienen la violencia. La autora construye un relato que incomoda, pero que también interpela al lector o lectora sobre los vínculos, las dinámicas de poder y la fragilidad de los límites morales.
Como obra literaria, se trata de un ejercicio valiente que confronta los discursos idealizados sobre la familia, el amor y la seguridad en espacios comunitarios. Blum propone una narrativa que exige mirar de frente aquello que normalmente preferimos ignorar: el monstruo posible dentro del ciudadano promedio. Es este realismo feroz lo que convierte la novela en un testimonio literario contundente sobre la violencia y sus múltiples ramificaciones.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.