El Museo Universitario del Chopo perfila su programación 2026 como un recorrido intenso por las relaciones entre cuerpo, colectividad, memoria y resistencia. A lo largo del año, el recinto universitario reunirá más de una decena de exposiciones que dialogan con la historia del arte experimental, las luchas sociales y las prácticas contemporáneas en América Latina, sin perder de vista a las nuevas generaciones de artistas.
Lejos de una lectura lineal, el programa propone cruces entre retrospectivas históricas, proyectos individuales y relecturas críticas del pasado reciente. La apuesta combina artistas consolidados con voces emergentes, así como colaboraciones con instituciones internacionales, reafirmando al Chopo como un espacio donde el arte funciona como herramienta de reflexión política, espiritual y colectiva.
Tres exposiciones para abrir el año
La programación inicia el 31 de enero con tres proyectos que marcan el tono del año. El primero es Nahum B. Zenil. El límpido espejo de mis ojos (1968–2025), una amplia retrospectiva dedicada al artista veracruzano nacido en 1947. A través del autorretrato como estrategia radical, Zenil ha explorado durante seis décadas temas como el cuerpo, el deseo, el poder y la espiritualidad. La muestra reúne más de 160 obras entre pintura, dibujo, escultura, instalación y libros de artista, y se presenta como un ejercicio de memoria personal que se vuelve también memoria social. Permanecerá abierta hasta el 30 de agosto y estará acompañada por un libro que revisa su trayectoria.
Ese mismo día abre Nour Bishouty. Madre improbable., primera exposición individual en México de la artista palestino-libanesa Nour Bishouty, nacida en 1986. Su trabajo concibe el cuerpo como instrumento y metáfora para cuestionar los sistemas que lo nombran y lo hacen legible. La exposición gira en torno a una película protagonizada por un bagre que narra una parábola sobre maternidad, filiación y transmisión del conocimiento, desdibujando los límites entre madre e hija. La muestra podrá visitarse hasta el 24 de mayo.
La tercera exposición inaugural es No-objetualismos. Hacia un pensamiento visual independiente., una revisión del arte experimental latinoamericano de las décadas de 1970 y 1980. A partir del concepto acuñado por el crítico peruano Juan Acha, la muestra reúne obras de más de sesenta artistas y colectivos que rompieron con los formatos tradicionales del arte para acercarse al humor, la denuncia política y la vida cotidiana. Con nombres como Ana Mendieta, Cildo Meireles, Marta Minujín, Teresa Burga, Magali Lara o el C.A.D.A., esta versión revisada y ampliada del proyecto organizado por el Museo de Arte Moderno de Medellín podrá visitarse hasta el 31 de mayo.
Arte, archivo y cultura popular
En abril se suma la Bienal Internacional de Estandartes (1996–2014), una revisión de esta plataforma iniciada por Marta Palau en el Centro Cultural Tijuana, pensada como un espacio de diálogo entre artistas locales y latinoamericanos. La exposición reúne obras de figuras clave del arte contemporáneo y se exhibirá del 18 de abril al 17 de septiembre.
El 28 de mayo abre Hasta que te conocí, una muestra que, en el marco del Festival Internacional por la Diversidad Sexual y a diez años de la muerte de Juan Gabriel, toma la figura del Divo de Juárez como punto de partida para pensar identidades disidentes, cultura popular y archivo. A través de obras de distintas generaciones, la exposición expande el imaginario en torno al cantautor y su impacto simbólico. Estará abierta hasta el 23 de agosto.
Cuerpo, deseo y territorio en la segunda mitad del año
El 15 de agosto se inauguran dos exposiciones simultáneas. Erik Tlaseca y Wynnie Mynerva reúne a dos artistas jóvenes cuyas prácticas interdisciplinarias abordan el deseo, los límites del cuerpo y la muerte. Mientras Tlaseca dialoga con imaginarios de dominación simbólica y deidades mesoamericanas, Mynerva trabaja desde su experiencia de vivir con VIH mediante pinturas monumentales. Ambas propuestas convergen en una instalación de sitio específico donde el cuerpo aparece como contenedor mutable.
Ese mismo día abre Rolando Castellón (1958–2026), la primera visión integral de la trayectoria del artista, editor y curador nicaragüense-estadounidense nacido en 1937. Su obra, marcada por el uso de polvo, tierra y barro, reflexiona sobre pertenencia y otredad, y dialoga con su labor histórica como gestor cultural y curador en espacios clave del arte latino y chicano en Estados Unidos. Ambas exposiciones se podrán visitar hasta el 16 de noviembre.
Retrospectivas, saberes ancestrales y lenguas vivas
En octubre llega Desbocadas. Yeguas del Apocalipsis. Retrospectiva., primera revisión histórica del dúo formado por Pedro Lemebel y Francisco Casas. Activas entre 1987 y 1997, sus acciones utilizaron el cuerpo homosexual y travesti como herramienta de confrontación política durante el final de la dictadura chilena. La muestra, proveniente del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile, se exhibirá del 1 de octubre de 2026 al 7 de marzo de 2027.
El 24 de octubre se inaugura Santiago Yahuarcani. El principio del conocimiento., primera exposición monográfica internacional del pintor indígena de la Nación Uitoto. Su obra articula mitos amazónicos, saberes sobre plantas medicinales y memorias ancestrales para evidenciar cómo la crisis ecológica está ligada al despojo colonial. La muestra se realiza en colaboración con el MASP y el Whitworth Art Gallery, y estará acompañada por un libro.
Ese mismo día abre Ana Hernández. Guíezij/Augurio de fuego., una instalación de gran escala concebida para el Chopo. A partir de la etimología de Tehuantepec, la artista oaxaqueña imagina una ceiba de la que emergen 365 mantas que representan variantes lingüísticas vivas en México, continuando su investigación sobre territorio, desplazamiento y memoria. Ambas exposiciones permanecerán hasta el 28 de marzo de 2027.
Un programa que se expande más allá del museo
Durante 2026, el proyecto El Gabinete continuará dando espacio a artistas mexicanos en formación o recién egresados, con el objetivo de descentralizar la escena artística y visibilizar propuestas provenientes de distintos estados del país. A ello se suman exposiciones que viajarán internacionalmente y un programa sostenido de publicaciones, investigaciones y colaboraciones con museos de América Latina y Europa.
Con esta programación, el Museo Universitario del Chopo reafirma su papel como un laboratorio crítico donde convergen arte experimental, identidades disidentes, saberes ancestrales y memorias colectivas, consolidándose como un espacio clave para pensar el arte contemporáneo desde el sur global.

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