En la calle Doctor Olvera, casi en la esquina con Doctor Vértiz, se levanta una vieja vecindad de muros húmedos y portón herrumbroso. A simple vista no parece distinta a tantas otras de la colonia, pero quienes viven o transitan por allí saben que, de madrugada, la entrada se convierte en escenario de un perturbador encuentro.

A esas horas, cuando el silencio es interrumpido apenas por algún coche lejano o el murmullo de un borracho extraviado, aparece la figura de un niño. Pequeño, de unos diez años, se le ve saltando, caminando, o simplemente jugueteando con un balero de madera que no suelta jamás. De lejos, parece un niño cualquiera; incluso podría confundirse con alguno de los que habitan la vecindad. Sin embargo, basta acercarse unos pasos más para descubrir la verdad: ese niño no tiene rostro.

Su juego no es inocente. Si llegas a cruzarte con él, se detendrá frente a ti y te invitará a jugar. Si te niegas, su voz infantil se transforma en un grito desgarrador que te paraliza. El aire se vuelve helado, la oscuridad más densa, y antes de desvanecerse en la nada te dejará sin fuerzas, cayendo en un desmayo donde sueñas que te arrastra a un patio sin salida.

Pero si aceptas jugar, la experiencia no es menos inquietante. El niño observa cada intento, inmóvil, con su rostro vacío, esperando que el balero. Si lo logras al primer intento, desaparecerá sin más, dejando el juguete en tus manos. Pero si fallas tres veces, se burlará con carcajadas huecas, te arrebatará el balero y se desvanecerá en el aire. Dicen que conservar el balero cuando el niño lo entrega trae buena fortuna, aunque muy pocxs han tenido el valor —o la desgracia— de comprobarlo.

No se sabe con certeza quién es el Niño del Balero, pero entre lxs más viejxs vecinos circula una historia.

En los años cuarenta, la vecindad estaba llena de familias trabajadoras, y aquel niño solía pasar las tardes en la calle jugando con su balero. Siempre retaba a lxs transeúntes a jugar con él, pero casi nadie aceptaba. Una noche de noviembre, cercana al Día de Muertos, un hombre alcoholizado pasó tambaleante frente al niño. Éste, fiel a su costumbre, lo invitó a jugar. El hombre, enfurecido y sin paciencia, lo pateó con tal violencia que el pequeño cayó golpeándose contra el pavimento.

El niño murió ahí mismo, con el balero todavía en la mano. Desde entonces, su espíritu ronda la entrada de la vecindad, buscando a alguien que acepte el reto que en vida tantas veces fue ignorado.

Y dicen lxs vecinxs que mientras siga apareciendo, nadie debe negarse a jugar, pues su rencor infantil aún espera justicia.

Mapa de Fantasmas, Leyendas y Casas Embrujadas

Descubre los fantasmas, leyendas, casas embrujadas y escenas de los crímenes más macabros de la Ciudad de México. Navega en nuestro mapa para descubrir los fenómenos paranormales que ocurren en nuestra capital. 

¿Conoces otras leyendas o fantasmas de la Ciudad de México?

Fantasma Famoso

Casa Embrujada

Leyenda Paranormal
Lugar Misterioso

Escena de Crimen

¿Conoces otras leyendas o fantasmas de la Ciudad de México?

Ayúdanos a mejorar este mapa compartiéndonos las leyendas :

Nombre
Ingresa tu nombre para saber quién envió la leyenda.
Este es solo para llevar un registro, no te mandaremos spam.
Cuéntanos un poco el nombre del fantasma o leyenda.
Trata de agregar toda la información posible para que podamos redactar un texto completo.
¿Quieres que te mencionemos en la nota?
Esto es para saber si ponemos tu nombre al final de la nota, agradeciendo que nos la compartieras.