La ópera francesa del siglo XX encontró un nuevo eco en la Ciudad de México con la presentación de El pobre marinero, montaje que formó parte de las celebraciones por el 80 aniversario del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y del Bicentenario de las Relaciones México-Francia. La puesta en escena, realizada en el Pabellón Escénico del Bosque de Chapultepec, acercó al público a una de las obras más singulares del repertorio operístico moderno.

Con libreto del poeta y dramaturgo Jean Cocteau y música del compositor Darius Milhaud, la pieza se presentó como parte de las actividades de la Noche de Museos y del Día Internacional de los Museos 2026. La producción apostó por una visión contemporánea de esta tragedia breve estrenada originalmente en París en 1927, una obra que en su momento rompió con varias convenciones de la ópera tradicional.

La historia sigue a un marinero que, tras quince años de ausencia, regresa a casa ocultando su identidad para poner a prueba la fidelidad de su esposa. Lo que comienza como un juego emocional deriva en un desenlace inquietante y profundamente humano. Esa mezcla de tensión psicológica y experimentación artística convirtió a El pobre marinero en una pieza clave de las vanguardias francesas.

La dirección escénica estuvo a cargo de Randú Ramírez, quien debutó con esta propuesta que buscó acercar la ópera a nuevos públicos desde una estética más íntima y cercana. La producción contó además con la dirección artística de Marcelo Lombardero y la dirección musical de Andrés Sarre.

Sobre el escenario participaron la soprano Belén Marín como “La esposa” y el tenor Osvaldo Martínez Salas como “El marinero”, acompañados por los bajo barítonos Guillermo Montecino y Abel Pérez. La versión musical para piano fue interpretada por Amaury Gutiérrez Ríos y Ricardo Galaviz, quienes dieron una atmósfera más cercana y dramática a la obra.

Uno de los aspectos más destacados del montaje fue su carácter gratuito y abierto, una apuesta que buscó desmontar la idea de que la ópera pertenece únicamente a espacios exclusivos. Familias, jóvenes y visitantes habituales del Bosque de Chapultepec pudieron acercarse a una experiencia escénica donde música, teatro y poesía convivieron como engranes de una misma maquinaria emocional.

La presentación también sirvió como homenaje a la tradición artística francesa y a las relaciones culturales entre México y Francia, una conexión que ha marcado distintos momentos de la historia cultural mexicana. En este contexto, El pobre marinero funcionó como un puente entre épocas y territorios, llevando al público desde las vanguardias parisinas del siglo XX hasta una noche contemporánea en Chapultepec, donde la ópera volvió a respirar lejos de los grandes salones y más cerca de la gente.