La isla de Utajima es un pequeño territorio donde los hombres se dedican a la pesca y las mujeres bucean en busca de alimento. Al estar tan apartada de la isla principal de Japón, Utajima conservaba intactas muchas de sus tradiciones, a pesar de la apertura social y cultural que comenzó en el periodo Meiji (1868-1912) y que se consolidó durante la era Shōwa (1926-1989), especialmente después de la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de una comunidad cerrada, donde todxs se conocían, los jóvenes mostraban respeto, no existía el crimen y las costumbres seguían marcando el ritmo de la vida cotidiana.

Shinji, uno de los tantos jóvenes de la isla, había perdido a su padre en un bombardeo durante la guerra. Desde entonces asumió, junto a su madre, la responsabilidad de sostener el hogar. Tras terminar la educación básica se unió a una tripulación de pescadores, pasando sus días en el mar. Aunque trabajaba duro, apenas lograban subsistir.

Por su parte, Hatsue, hija de Teru —uno de los hombres más ricos de la isla—, había dejado Utajima desde niña para conocer el mundo y formarse fuera de ella. Cuando regresó, después de varios años, lo hizo convertida en una joven de gran belleza, capaz de atraer la mirada de todos los muchachos de la isla. Shinji no fue la excepción, desde el primer instante en que la vio, quedó prendado de ella.

El destino los reunió en el faro de la isla, donde la atracción fue inmediata. Se enamoraron, pero su amor estaba condenado por las diferencias sociales. Los rumores decían que Hatsue sería casada con el hijo de una familia acomodada, y Shinji —un pescador humilde— no parecía digno a los ojos de la comunidad. Pese a todo, iniciaron un romance prohibido, aunque lleno de esperanza.

El rumor del oleaje, pequeña novela escrita por Yukio Mishima a principios de los años cincuenta, no solo narra esta historia de amor juvenil, sino que constituye una auténtica oda al Japón tradicional, ese que sobrevivió entre la modernidad y la guerra. Aunque la trama pueda parecer sencilla —incluso común, especialmente para lectorxs familiarizados con historias de amor imposible—, la fuerza del relato radica en la forma en que Mishima describe la vida en una isla japonesa de posguerra.

Para entender mejor la novela, es necesario detenerse un momento en su autor. Mishima no fue únicamente un escritor brillante y polémico, sino también un personaje profundamente marcado por su visión del Japón tradicional. Fundó la Tatenokai (Sociedad del Escudo), una milicia paramilitar de extrema derecha que buscaba restaurar el poder absoluto del emperador y preservar los valores sintoístas. Su fanatismo lo llevó a tomar el Cuartel General de las Fuerzas Armadas Japonesas en 1970; tras fracasar en su intento de ganar adeptos, decidió quitarse la vida mediante seppuku (harakiri).

¿Y qué tiene que ver todo esto con la novela? Mucho y poco a la vez. Aunque la trama principal es la de un romance juvenil que ha inspirado adaptaciones cinematográficas en varias ocasiones, lo que realmente subyace es el amor de Mishima por las tradiciones y valores del Japón anterior a la modernidad.

Se trata, en esencia, de una historia sencilla que combina la fuerza de Romeo y Julieta con la dulzura bucólica de Dafnis y Cloe. Una novela breve pero significativa, que no solo habla de un amor prohibido, sino de la visión de Mishima sobre un Japón que, según él, solo podía aportar bondad al mundo si permanecía fiel a sus raíces.