El vestido que Dolores del Río utilizó en el clímax de Flor silvestre (1943) guarda más que elegancia y memoria cinematográfica. En el ruedo de la prenda permanecen manchas amarillentas que hoy funcionan como testigos materiales de una de las escenas más intensas del filme, cuando su personaje, Esperanza, arroja una leña encendida para escapar del bandolero interpretado por Emilio “El Indio” Fernández. Estas marcas salieron a la luz gracias a un reciente tratamiento de conservación preventiva realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
El trabajo forma parte de una colaboración inédita entre el INAH y la Cineteca Nacional, mediante la cual el Seminario Taller de Conservación y Restauración de Textiles de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía llevó a cabo tareas de conservación en 29 prendas y conjuntos que pertenecieron a la diva del cine mexicano y que actualmente resguarda la Cineteca.
Durante el semestre reciente, estudiantes y docentes realizaron una práctica de campo en la sede de la Cineteca Nacional, donde efectuaron registro fotográfico y documental, limpieza mecánica, refuerzos estructurales y embalaje especializado de casi una treintena de piezas usadas por la actriz en cine y teatro. Por su relevancia histórica y estado de conservación, el vestido de Flor silvestre fue trasladado a las instalaciones de la ENCRyM para una intervención más detallada.
El análisis de la prenda permitió identificar tanto sus características materiales como su contexto estético. El vestuario, diseñado por Armando Valdés Peza, retoma elementos de la indumentaria femenina de la Revolución Mexicana, como el cuello alto y los hombros abultados, reinterpretados con una silueta más estructurada acorde con la moda de los años cuarenta. Esta pieza marca además uno de los primeros trabajos del vestuarista para el cine y el inicio de una colaboración clave con Emilio Fernández y el fotógrafo Gabriel Figueroa, responsables de una estética que definió la Época de Oro del cine mexicano.
Desde el punto de vista técnico, el vestido está compuesto por una talla superior y una falda en corte A, con botones de hueso y tejido de rayón de base celulósica, teñido con añil y con un apresto general de almidón. El equipo detectó debilitamientos en costuras, botones y broches, así como suciedad acumulada y manchas más intensas en el ruedo, asociadas directamente a la escena filmada junto al fogón.
La intervención incluyó refuerzos en las zonas más frágiles, velado con organza de nylon, limpieza mecánica controlada y una limpieza acuosa especializada. Estas acciones buscan asegurar la estabilidad física de la prenda y su conservación a largo plazo, sin borrar las huellas de su historia.
Para el equipo de estudiantes del Seminario Taller, el proceso significó un acercamiento directo a un objeto que sintetiza cine, diseño, memoria y materialidad. El vestido no solo representa el regreso triunfal de Dolores del Río al cine mexicano, sino también el surgimiento de una imagen femenina fuerte y compleja que quedó inscrita en la historia cultural del país.

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