Cuando el reloj marca las diez de la noche, la Universidad Iberoamericana (UIA) de la Ciudad de México comienza a vaciarse. Las aulas se apagan una a una y los pasillos se quedan en silencio, habitados solo por el eco de los pasos del personal de limpieza y por algunxs estudiantes de arquitectura y diseño que, fieles a las entregas imposibles, pasan la noche entre planos, maquetas y café frío.

Es entonces cuando el edificio A de la UIA, uno de los primeros que se levantaron tras la mudanza a Santa Fe, cambia de ánimo. El aire se vuelve más pesado, la temperatura desciende sin explicación y un silencio incómodo se instala en los pasillos. Quienes conocen la universidad saben que ese es el momento en que aparece El Estudiante Sin Descanso.

Pasos en el pasillo y un salón que nunca está vacío

Empleados y empleadas aseguran que, especialmente entre las 10:30 y 11 de la noche, en noches sin luna, comienzan a escucharse pasos firmes en el pasillo del segundo piso. No son carreras ni ecos lejanos: son pasos claros que avanzan directo hacia el salón A203.

De pronto, se escucha el golpe seco de una puerta cerrándose, aunque la puerta jamás se mueve. Luego, el sonido inconfundible de un pupitre arrastrándose sobre el piso. Quienes han tenido el valor de asomarse justo antes del ruido aseguran haber visto cómo el primer pupitre frente al escritorio del profesor se mueve solo, como si alguien tomara asiento.

Algunxs juran haber visto una sombra sentarse con cuidado, erguida, atenta, como un alumno más que nunca dejó de poner atención.

Un estudiante que vaga sin rumbo en la madrugada

La leyenda no termina ahí. Estudiantes que han pasado la noche en los restiradores de diseño y arquitectura cuentan que, al salir a tomar aire durante las madrugadas más oscuras, cuando se sientan en la barda que conecta con el edificio P, cerca del café, alcanzan a ver una figura solitaria.

Es un joven que deambula confundido por la planta baja del edificio A, cerca del estudio de televisión. Camina lento, como desorientado, mirando a todos lados. Pocxs se atreven a seguirlo, pero quienes lo han hecho aseguran que sube las escaleras con nerviosismo, como si algo lo persiguiera, hasta llegar de nuevo al salón A203.

Una vez ahí, se escucha un estruendo seco, como si todos los pupitres se movieran al mismo tiempo. Al entrar, el salón no está completamente desordenado, pero ningún pupitre está en su lugar.

El origen del Estudiante Sin Descanso

Nadie sabe con certeza quién fue este fantasma universitario, pero la versión más repetida señala que se trataba de un estudiante de Comunicación que perdió la vida hace más de veinte años. Se dice que murió atropellado en la avenida Vasco de Quiroga, cuando intentaba cruzar hacia los bares y restaurantes frente a la UIA después de una larga jornada académica.

Desde entonces, su espíritu habría quedado atrapado entre salones, pasillos y pupitres, condenado a volver cada noche al lugar donde pasó sus últimas horas de vida: el edificio A.

Hoy, El Estudiante Sin Descanso sigue siendo una de las leyendas más inquietantes de la Universidad Iberoamericana, un recordatorio de que, cuando el campus duerme, no todos se han ido realmente.

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