En la Ciudad de México las plazas guardan estatuas, bancas y palomas. Algunas también conservan discusiones que nunca terminaron. En la colonia Mixcoac, la Plaza Valentín Gómez Farías es escenario de una leyenda que mezcla política, fe y terquedad histórica.
El protagonista no es otro que Valentín Gómez Farías, médico liberal, diputado y presidente en varios periodos breves del siglo XIX. Conocido como “El padre de la Reforma”, impulsó medidas que buscaban separar al Estado de la Iglesia, una postura que en su tiempo encendió más de un púlpito. Sus detractores lo acusaron de blasfemo; sus seguidores lo vieron como un reformador adelantado.
La leyenda cuenta que vivió en el antiguo barrio de San Juan, en una casona que hoy ocupa el Instituto Mora. Allí, según la tradición oral, pidió a su familia que al morir no se realizara ningún rito religioso y que fuera sepultado en el patio de su casa. Un último gesto de coherencia con su pensamiento anticlerical.
Falleció el 5 de julio de 1858 en la Ciudad de México. Décadas después, en 1933, sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres. Pero el traslado físico no calmó la imaginación popular.
Vecinxs de Mixcoac aseguran que, en ciertas noches, una figura de levita oscura camina alrededor de la plaza que lleva su nombre. Dicen que se le ha visto merodear bajo los árboles, cruzar el atrio sin persignarse y desaparecer frente a la antigua casona. Otrxs cuentan que se inquieta cuando escucha rezos, como si la discusión con el clero siguiera latiendo, siglo y medio después.
Hay versiones que añaden un eco femenino en la Rotonda, una mujer que reza por su descanso eterno. Mientras tanto, en Mixcoac, el espíritu del reformista parece negarse a abandonar el barrio donde vivió y fue maldecido por algunos contemporáneos.
La historia se intensifica en septiembre, cuando las fiestas patrias visten de verde, blanco y rojo la ciudad. Entre banderas y fuegos artificiales, no falta quien mire de reojo la plaza, preguntándose si la Independencia y la Reforma todavía tienen guardia nocturna.
En una ciudad que superpone capas como si fueran transparencias, el fantasma de Gómez Farías es menos un susto y más una conversación pendiente. Un recordatorio de que las ideas, cuando son radicales, rara vez descansan en paz.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.