En la calle de Filomeno Mata, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, hay puertas que no sólo separan espacios… también épocas. Al caer la noche, cuando el bullicio se apaga y la ciudad respira más lento, un rumor comienza a tomar forma frente al antiguo edificio del Club de Periodistas. No es viento. No es eco. Es una presencia.
Dicen que una vez al mes, siempre en una noche sin testigos suficientes, aparece un hombre vestido como salido del Porfiriato: uniforme impecable, botas altas, un rifle sostenido con disciplina. No habla. No mira a nadie. Simplemente hace guardia.
Un centinela atrapado en el tiempo
Quienes lo han visto coinciden en lo mismo: no es una aparición difusa, sino una figura nítida, casi tangible. El soldado se planta frente a la entrada como si esperara una orden que nunca llega. Permanece inmóvil durante varios minutos… y luego, como si obedeciera un llamado silencioso, se interna en el edificio y desaparece entre los pasillos.
Nadie lo sigue. Nadie puede.
La historia, recogida por Marcia Trejo en Fantasmario Mexicano, no intenta explicar quién fue ese hombre. Pero el lugar donde aparece guarda suficientes capas de historia como para sospechar que su presencia no es casual.
Donde la historia dejó cicatrices
Antes de ser sede de periodistas, imprentas y discusiones políticas, ese terreno perteneció a los Betlemitas, una orden religiosa dedicada a la caridad y la enseñanza. En esos mismos muros hubo convento, hospital, escuela… y después abandono, saqueo y transformación.
Durante el Porfiriato, el terreno fue dividido y vendido. Ahí, el periodista Filomeno Mata levantó su imprenta, un espacio que desafió al poder y publicó ideas incómodas para su tiempo. Más tarde, el edificio cambió de manos, de función, de propósito… pero nunca dejó de acumular historias.
Y quizás también presencias.
¿A quién protege el soldado?
Algunxs creen que el soldado pertenece a una época en la que el orden y la vigilancia eran obsesiones del régimen. Otrxs dicen que podría tratarse de un guardia real, condenado a repetir su última instrucción. Hay quienes incluso aseguran que no protege el edificio… sino algo que quedó enterrado bajo él.
Porque en ese rincón del Centro Histórico, donde la fe, la política y la guerra se entrelazaron durante siglos, no sería extraño que alguien hubiera decidido no irse nunca.
El soldado no amenaza. No persigue. No asusta en el sentido clásico. Su presencia inquieta por otra razón: porque parece cumplir una misión que nadie recuerda.
Y eso, en una ciudad como esta, es más perturbador que cualquier grito en la oscuridad.
Una guardia eterna en el corazón de la ciudad
Hoy, quienes pasan por Filomeno Mata durante el día difícilmente imaginarían que, bajo la luz eléctrica y el tránsito constante, un centinela invisible marca el paso del tiempo. Pero basta con regresar de noche, cuando las sombras alargan la memoria de los edificios, para entender que hay historias que no terminan…
sólo cambian de turno.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.