Entre las numerosas leyendas que circulan por los antiguos barrios de la Ciudad de México, pocas resultan tan inquietantes como la de la Bruja de Coyoacán. La historia combina elementos que aparecen en buena parte del folclore mexicano y latinoamericano: mujeres capaces de desprenderse de su piel durante la noche, transformarse en seres sobrenaturales y recorrer los pueblos en busca de sangre o energía vital. En Coyoacán, este relato encontró un escenario perfecto entre calles empedradas, casonas virreinales y la atmósfera rural que caracterizó a la zona durante siglos.

Mucho antes de convertirse en uno de los centros culturales más importantes de la capital, Coyoacán era un tranquilo poblado situado afuera de la ciudad. Sus huertas, haciendas y caminos arbolados atraían a familias acomodadas que buscaban descanso lejos del bullicio urbano. Sin embargo, detrás de esa apariencia apacible también circulaban historias de aparecidos, nahuales y brujas que formaban parte de la tradición oral de sus habitantes.

La leyenda cuenta que en el pueblo vivía un joven apuesto y muy popular entre las muchachas de la región. Acostumbrado a conquistar corazones, nunca imaginó que terminaría enamorándose profundamente de una misteriosa mujer recién llegada al lugar. Su belleza era extraordinaria y su carácter parecía impecable. Aunque varias personas intentaron advertirle que aquella mujer practicaba la brujería, el enamorado desestimó los rumores y continuó con el cortejo hasta casarse con ella. Y se mudaron a una casa sobre lo que hoy es Francisco Sosa.

Durante los primeros meses de matrimonio todo parecía perfecto. La joven esposa era trabajadora, amable y una excelente cocinera. Sin embargo, había algo que comenzaba a inquietar a su marido: todos los días servía el mismo platillo, moronga elaborada con sangre. Al principio lo tomó como una simple preferencia culinaria, pero con el paso del tiempo la insistencia resultó extraña.

La duda creció cuando un amigo de la infancia le reveló aquello que muchos comentaban en voz baja. Según los rumores del pueblo, su esposa salía por las noches para alimentarse de la sangre de los niños y practicaba artes oscuras. Aunque el hombre se resistía a creerlo, decidió averiguar por sí mismo qué ocurría cuando caía la noche.

Aquella misma madrugada fingió dormir mientras observaba discretamente a su mujer. Horas después, ella se levantó en silencio y se dirigió hacia la chimenea de la casa. El esposo la siguió sin ser visto y fue entonces cuando presenció una escena imposible. Frente al fuego, la mujer comenzó a desprenderse de su propia piel como si se tratara de una prenda de vestir. Instantes después, la figura humana desapareció y en su lugar surgió una brillante esfera de fuego que salió volando hacia la oscuridad.

Aterrorizado, el hombre tomó la piel abandonada y la arrojó a las llamas. Pasó el resto de la noche esperando el regreso de aquella criatura. Poco antes del amanecer, la bola de fuego volvió y recorrió desesperadamente la casa buscando su envoltura humana. Sin encontrarla, comenzó a lanzar gritos desgarradores y a golpearse contra las paredes.

Cuando los primeros rayos del sol iluminaron el cielo, la esfera luminosa perdió fuerza hasta consumirse por completo. Según la leyenda, jamás volvió a verse a la misteriosa mujer y nadie supo qué ocurrió con ella después de aquella noche.

La historia de la Bruja de Coyoacán comparte elementos con numerosos relatos de brujas presentes en distintas regiones de México. En muchos de ellos, las hechiceras abandonan temporalmente su cuerpo, se transforman en bolas de fuego o animales y recorren los cielos durante la madrugada. Estas creencias, transmitidas de generación en generación, mezclan tradiciones indígenas, imaginarios coloniales y temores populares relacionados con la noche y lo desconocido.

Hoy, mientras Coyoacán recibe a miles de visitantes atraídos por sus plazas, museos y edificios históricos, la leyenda sigue formando parte del patrimonio oral del barrio. Entre callejones antiguos y sombras proyectadas por las viejas construcciones coloniales, aún hay quienes recuerdan la historia de aquella mujer hermosa que ocultaba un secreto sobrenatural y que desapareció con la llegada del amanecer.