A un costado del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México se encuentra la colonia Cuchilla del Tesoro, un territorio marcado por disputas, expropiaciones y accidentes que dejaron cicatrices invisibles. El nombre no es casual. El predio ya era conocido así desde tiempos remotos, mucho antes de que la urbanización llegara en 1964 y antes de que parte de sus calles fuera absorbida por el crecimiento del AICM.
Entre aviones, litigios territoriales y un accidente aéreo ocurrido en 1969, la colonia construyó su identidad alrededor de un punto clave: el Mercado Cuchilla del Tesoro, el corazón comercial y social del barrio. Pero también, el escenario de una de sus leyendas más inquietantes.
El puesto de la bruja buena
Cuando el mercado abrió sus puertas, uno de sus primeros locales fue ocupado por Doña Itzel, una mujer conocida por vender velas, hierbas, polvos y objetos para rituales caseros. Pronto se corrió la voz: Itzel era una bruja.
No una bruja oscura, sino una de esas figuras raras incluso dentro de la superstición. Realizaba rituales solo si eran bien intencionados y jamás cobraba dinero. A cambio aceptaba comida, pan o frutas, que muchas veces terminaban en manos de infancias en situación de calle.
Vecinas y vecinos la recuerdan como una presencia silenciosa, protectora, alguien que parecía entender los límites entre lo humano y lo que no lo es.
La visita que cambió todo
La leyenda toma un giro oscuro en 1975.
Una noche, un hombre poderoso llegó al puesto de Doña Itzel. Según los rumores, se trataba de un político importante que buscaba eliminar a su competencia para asegurar su ascenso al poder. Algunxs aseguran que era Carlos Hank González, quien entonces disputaba posiciones clave dentro del PRI para convertirse en Regente del Distrito Federal. Nunca se comprobó.
Lo que sí se cuenta es que Doña Itzel se negó.
Dicen que el hombre la miró fijamente y le prometió que se arrepentiría.
El crimen que nadie investigó
Esa misma noche, mientras Itzel caminaba rumbo a su casa en la calle Oriente 4, un automóvil apareció de pronto. Rechinó llantas. Aceleró.
La atropellaron.
Ya en el suelo, le dispararon siete veces.
El auto huyó. No hubo detenidos. No hubo investigación. La policía actuó como si el asesinato nunca hubiera ocurrido. El expediente, si existió, se perdió entre el silencio y el miedo.
El puesto que nunca quedó vacío
El local de la bruja cerró. Con el tiempo, fue ocupado por una cerrajería que sigue funcionando hasta hoy. Pero quienes trabajan en el mercado aseguran que el lugar nunca quedó vacío del todo.
Por las noches, cuando los pasillos se apagan y el ruido del aeropuerto se mezcla con el silencio, algunxs comerciantes dicen haber visto a una mujer caminar lentamente entre los puestos. Reza algo que no se alcanza a entender. No es español. No es latín. Suena a conjuro.
La llaman La Bruja de la Cuchilla.
¿Protección o advertencia?
Hay quienes aseguran que su presencia trae buena suerte al mercado, que evita robos y desgracias mayores. Otrxs dicen lo contrario, que aparece cuando algo malo está por ocurrir.
Lo único en lo que todxs coinciden es en esto: el alma de Doña Itzel nunca abandonó la Cuchilla del Tesoro. Protege lo que fue suyo. Vigila el mercado. Y recuerda, noche tras noche, que hay decisiones que el poder nunca perdona.
En una colonia olvidada por el gobierno, entre aviones que rugen y pasillos que crujen al cerrar, la bruja sigue ahí. Rezando. Cuidando. Esperando 🔥

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.