Entre los edificios históricos del Centro de la Ciudad de México, pocos poseen una atmósfera tan misteriosa como el antiguo Convento de La Merced. Sus muros centenarios, sus patios silenciosos y los restos de uno de los complejos religiosos más importantes del periodo virreinal han dado origen a numerosas historias sobrenaturales. Sin embargo, ninguna es tan célebre como la del fantasma de un fraile que, según la leyenda, fue visto por el pintor y vulcanólogo Gerardo Murillo, mejor conocido como el Doctor Atl.

Lo que distingue este relato de muchas otras leyendas capitalinas es que su principal testigo fue una de las figuras intelectuales más importantes del México del siglo XX. Además, el propio Doctor Atl dejó constancia de aquellos sucesos en su libro Gentes profanas en el convento, publicado en 1950.

Un refugio en el antiguo Convento de La Merced

Tras los años turbulentos de la Revolución Mexicana, Gerardo Murillo encontró alojamiento en el antiguo Convento de La Merced, ubicado en la actual calle de República de Uruguay, en pleno Centro Histórico.

Para entonces, el edificio ya no funcionaba como convento. Gran parte del complejo había sido transformado, abandonado o reutilizado para distintos fines. Sin embargo, sus amplios corredores, celdas y patios conservaban la apariencia de otra época.

El propio Doctor Atl relató que el inmueble estaba habitado por personajes diversos. Además del portero y su familia, algunas habitaciones eran ocupadas ocasionalmente por militares, artistas y personas relacionadas con la vida política de aquellos años.

También circulaban historias inquietantes.

Los habitantes del lugar aseguraban que ciertas zonas del edificio estaban habitadas por los espíritus de antiguos monjes mercedarios. Algunxs afirmaban escuchar pasos durante la madrugada. Otrxs hablaban de sombras que aparecían cerca de los corredores o de una figura espectral que emergía de una grieta en uno de los muros.

La obsesión de un coronel

Entre los personajes que frecuentaban el convento se encontraba un coronel cuyo nombre se perdió con el tiempo. Según las versiones de la leyenda, el militar estaba obsesionado con la idea de capturar o destruir al supuesto fantasma del fraile.

Cada vez que visitaba el lugar permanecía atento a cualquier aparición.

Una tarde, mientras cruzaba uno de los patios acompañado por su asistente, ambos aseguraron haber visto una extraña figura oscura levantarse cerca de una abertura en el muro.

El ayudante se detuvo de golpe.

El coronel reaccionó de inmediato.

Convencido de que tenía frente a sí al espectro que tanto había buscado, desenfundó su revólver y comenzó a disparar.

El ataque imposible

Los disparos resonaron por todo el convento.

Desde otro sector del edificio, el Doctor Atl escuchó las detonaciones y acudió para averiguar qué estaba ocurriendo.

Lo que sucedió después es el núcleo de la leyenda.

Según el relato, las balas parecían atravesar la sombra sin causarle ningún daño. Entonces ocurrió algo todavía más inquietante. Una fuerza invisible levantó al coronel del suelo como si unas enormes manos le sujetaran el cuello.

El militar comenzó a forcejear desesperadamente.

Su asistente observaba paralizado por el miedo.

El Doctor Atl no logró distinguir con claridad al supuesto fraile, pero sí alcanzó a ver cómo el coronel era elevado varios centímetros sobre el suelo mientras se retorcía intentando liberarse.

Las versiones posteriores divergen.

Algunas afirman que el hombre murió estrangulado en ese mismo instante. Otras sostienen que sobrevivió, aunque quedó profundamente afectado física y mentalmente por la experiencia.

La investigación

La conmoción fue inmediata.

Las autoridades acudieron al convento para investigar lo sucedido. Tanto el Doctor Atl como el portero y otrxs testigxs describieron una escena tan extraordinaria que sus declaraciones despertaron sospechas.

Durante algún tiempo incluso se llegó a considerar la posibilidad de que hubiera existido una agresión humana.

Sin embargo, los testimonios coincidían en un punto: nadie había visto a una persona atacar al coronel.

La situación se volvió todavía más extraña cuando el asistente declaró haber visto claramente a una figura semejante a un monje.

Según su versión, una sombra oscura apareció frente al militar después de los disparos. Instantes más tarde lo sujetó por el cuello y lo levantó del suelo.

El hombre nunca logró ofrecer una descripción completa. Cada vez que intentaba recordar el rostro de la aparición terminaba dominado por el miedo.

El fantasma de los antiguos mercedarios

La leyenda comenzó a extenderse rápidamente por el Centro Histórico.

Muchxs relacionaron la aparición con los antiguos religiosos que habitaron el convento durante siglos. Otrxs afirmaban que se trataba de un espíritu condenado a permanecer entre aquellos muros por alguna falta cometida en vida.

Las historias crecieron con el paso de los años.

Se hablaba de pasos que resonaban en corredores vacíos, de figuras encapuchadas observando desde las galerías superiores y de sombras que desaparecían al acercarse.

Aunque ninguna de estas historias pudo comprobarse, contribuyeron a consolidar la fama sobrenatural del exconvento.

Una leyenda que sigue habitando el Centro Histórico

Hoy el antiguo Convento de La Merced permanece bajo resguardo patrimonial y constituye uno de los testimonios arquitectónicos más valiosos de la época virreinal en la Ciudad de México.

Sus patios y corredores continúan despertando la imaginación de historiadorxs, cronistas y visitantes.

Más de un siglo después de aquellos acontecimientos, el relato del fantasma del fraile sigue siendo una de las leyendas más conocidas de La Merced. La participación del Doctor Atl le otorgó una dimensión singular, pues pocas historias sobrenaturales de la capital cuentan con el testimonio escrito de un personaje tan relevante para la historia cultural de México.

Quizá nunca sabremos qué fue exactamente lo que ocurrió aquella tarde entre los muros del antiguo convento. Pero la imagen de un coronel disparando contra una sombra imposible continúa formando parte de las historias que mantienen vivo el lado más misterioso del Centro Histórico de la Ciudad de México.