En el norte de la Ciudad de México, la Colonia Valle de Tepeyac suele pasar desapercibida. Es una zona tranquila, delimitada por Avenida de los 100 Metros, Montevideo y el antiguo pueblo de San Bartolo Atepehuacan, en el perímetro que muchxs llaman Lindavista aunque geográficamente ya no lo sea. Calles residenciales, tiendas de barrio, parques modestos. Nada que anuncie que ahí se gestó una de las historias urbanas más inquietantes del rumbo: la leyenda de Las Sombras Del Ritual Maldito.
Todo apunta hacia la calle Jujuy. En medio del camellón se extiende el llamado Parque 45 Metros, un espacio verde con juegos infantiles y bancas que reciben a familias durante el día. El nombre engaña, porque el parque es más largo de lo que sugiere el letrero, pero eso es lo de menos. Lo que importa ocurre cuando cae la noche, especialmente cerca de la intersección de Jujuy y Avenida Fortuna, alrededor del árbol más grande del camellón. Ahí, dicen, empiezan a moverse las sombras.
No son figuras definidas. No hay rostros ni pasos claros. Son manchas oscuras que se desplazan sin rumbo, como si caminaran atrapadas en un circuito invisible. Lxs vecinxs más antiguxs las llaman Las Sombras del Ritual Demoniaco y aseguran que comenzaron a aparecer a mediados de los años ochenta, después de que un ritual de magia negra quedó inconcluso en ese mismo punto.
La historia señala a un matrimonio que vivía en la colonia. Él, Horacio, conocido como Don Chito; ella, Alejandra, a quien llamaban Tina. Ambos rondaban los sesenta años y, a simple vista, parecían una pareja más del vecindario. Sin embargo, su vestimenta siempre negra y los sonidos extraños que salían de su casa alimentaron rumores. Algunxs aseguraban escuchar balidos de chivo, maullidos, el canto abrupto de un gallo en plena madrugada. A veces el aire se impregnaba de incienso; otras, de un olor más denso, difícil de describir.
Las sospechas crecieron hasta que una noche una llamada anónima alertó a la policía. Algo extraño estaba ocurriendo en el camellón, entre Jujuy y Fortuna. Las patrullas llegaron y sorprendieron a la pareja realizando lo que los propios oficiales describieron como una invocación demoniaca. Según los reportes vecinales, el ritual incluía el intento de sacrificar a un niño que había sido reportado como desaparecido horas antes en el Campamento Colector 13. La intervención policial impidió que el acto se consumara.
El ritual quedó incompleto. Y ahí es donde la leyenda toma fuerza. Se dice que Chito y Tina decidieron realizar la ceremonia fuera de su casa por miedo a que la entidad invocada se quedara habitando su hogar. Querían abrir el umbral en un espacio abierto, lejos de sus paredes. Lo que no previeron fue que uno de los vecinos regresaría tarde del trabajo y observaría movimientos extraños bajo el árbol del parque.
Desde entonces, las sombras no se fueron. Algunxs residentes aseguran que, de vez en cuando, una de esas figuras oscuras se desliza hacia las casas cercanas y tira algún objeto al suelo, como si buscara ser notada. No hay agresiones, no hay daños graves. Solo esa sensación de presencia que no termina de irse.
Para quienes conocen la historia de la Colonia Valle de Tepeyac, El Ritual Maldito forma parte del imaginario local, un relato que mezcla rumores, miedo colectivo y memoria barrial. Hay quienes creen que esas sombras son almas que escaparon durante la invocación fallida. Otrxs piensan que todo es sugestión. Lo cierto es que, cuando la noche cae sobre el Parque 45 Metros y el árbol proyecta su silueta alargada sobre el pavimento, más de uno prefiere acelerar el paso y no mirar demasiado tiempo hacia el camellón.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.