En el norte de la Ciudad de México, lejos del ruido turístico y de las rutas más obvias, existe un mercado de barrio que guarda una historia que se cuenta en voz baja, como si nombrarla en voz alta pudiera espantarla. Se trata del Mercado 53 Río Blanco, un espacio cotidiano donde la vida transcurre entre puestos de verduras frescas, fondas humeantes y pasillos que huelen a cilantro, canela y aceite caliente. Pero entre esa normalidad tan chilanga, hay un local que rompe el equilibrio. Un puesto que no siempre está ahí, aunque nadie recuerde haberlo visto irse.

El Mercado de Río Blanco es uno de los más concurridos de la zona norte, especialmente en temporadas clave como Día de Muertos y Navidad. En esas fechas, los pasillos se llenan de flores, veladoras, papel picado y figuras que parecen observarte desde los estantes. No es raro encontrar aquí objetos vinculados a la tradición esotérica popular: amuletos, inciensos, hierbas secas y otros artículos que forman parte de la brujería cotidiana, esa que convive sin aspavientos con la vida diaria.

Entre todos esos locales, hay uno que destaca precisamente por su ausencia. Lxs locatarixs lo llaman el Puesto Misterioso. A simple vista es solo un local cerrado, con la cortina abajo, como tantos otros que nunca volvieron a abrir. Sin embargo, varias personas aseguran haberlo visto en funcionamiento. No siempre. No para cualquiera.

La historia se repite con ligeras variaciones. Algunxs visitantes cuentan que, caminando por el mercado, se toparon con un local que no recordaban haber visto antes. En su interior, una persona les ofreció pociones, velas y objetos de magia blanca, supuestamente destinados a ayudar: para la salud, el amor, el trabajo o la protección del hogar. Nada oscuro, nada agresivo. Todo envuelto en una calma extraña y una certeza difícil de explicar. Quienes compraron algo juran que funcionó. Y por eso regresaron.

Ahí es donde la leyenda se tuerce. Al volver al mercado, buscando el mismo local, descubren que el puesto está cerrado. Preguntan a otrxs comerciantes, describen lo que vieron, lo que compraron. La respuesta siempre es la misma: ese local lleva años sin rentarse. Nadie trabaja ahí. Nadie entra. Nadie sale.

El misterio contrasta con el carácter del mercado mismo. Fundado en 1963, el Mercado 53 Río Blanco es un pilar comunitario para las colonias Mártires de Río Blanco, Belisario Domínguez y Tablas de San Agustín, en la alcaldía Gustavo A. Madero. Es un mercado limpio, bien cuidado, tranquilo, donde la gente se conoce y la rutina pesa más que el mito. Tal vez por eso la historia inquieta más. Porque no ocurre en un lugar abandonado ni oscuro, sino en un espacio vivo, familiar, confiable.

Hoy, el Puesto Misterioso sigue ahí o no, dependiendo de a quién le preguntes. Algunxs pasan frente a la cortina cerrada sin notar nada extraño. Otrxs bajan la voz al cruzar ese pasillo. Y hay quienes aseguran que, si el mercado decide mostrártelo, será porque algo necesitas. No porque lo busques.