En los senderos boscosos del Parque Nacional Los Dinamos, donde el ruido de la ciudad parece diluirse entre el sonido del agua y el viento, circula una historia que excursionistas y guías locales cuentan en voz baja: la leyenda de La Piedra del Duende, uno de los relatos más curiosos del área natural.

El escenario se ubica en el Segundo Dinamo, una zona frecuentada por senderistas, escaladorxs y visitantes que buscan rutas menos concurridas. Muy cerca de los puntos conocidos como El Perro Muerto y la Cueva de los Deseos, se encuentra una roca que, a primera vista, parece insignificante: mide apenas unos cincuenta centímetros de altura y sobresale en medio de un tramo relativamente liso del sendero. Su forma es peculiar, estrecha en la base y más ancha en la parte superior, semejante a un pequeño hongo de piedra. Sin embargo, para quienes conocen la tradición local, esa roca marca un sitio especial.

Visitantes habituales aseguran que, al detenerse a descansar en las inmediaciones, es posible notar movimientos rápidos entre los arbustos o detrás de las piedras cercanas. Algunxs describen estas apariciones como sombras veloces; otrxs hablan de figuras diminutas, de no más de cuarenta o cincuenta centímetros de altura, que corren tratando de ocultarse de la vista humana. Las descripciones coinciden en detalles inquietantes: cuerpos pequeños, rostros que parecen envejecidos, ropa desgastada que apenas cubre sus cuerpos y, en ocasiones, gorros o cintas en la cabeza.

Para unxs, se trata de duendes; para otrxs, de chaneques, esos seres del imaginario mesoamericano asociados con montes, ríos y cuevas. Lo cierto es que muchas personas coinciden en que estas criaturas parecen vivir en los alrededores de la roca, razón por la que el sitio terminó siendo conocido como “La Piedra del Duende”. Algunxs excursionistas incluso especulan que la forma elevada de la piedra podría funcionar como un pequeño mirador natural desde el cual estos seres vigilan el paso de animales o visitantes, mientras que otrxs la interpretan como una especie de podio simbólico para el líder de estas diminutas figuras.

El entorno donde surge la leyenda contribuye a su fuerza narrativa. Los Dinamos, ubicados en la alcaldía Magdalena Contreras, abarcan miles de hectáreas de bosque atravesadas por senderos ecoturísticos, zonas de escalada y el cauce del Río Magdalena, el último río vivo de la capital. A medida que los caminos se adentran en las áreas menos transitadas, el paisaje se vuelve más silencioso y la vegetación más cerrada, creando el ambiente perfecto para que la imaginación se mezcle con la experiencia del recorrido.

Quizá por eso, quienes caminan por el Segundo Dinamo suelen prestar más atención al entorno después de escuchar la historia. La mayoría nunca ve nada fuera de lo común; otros aseguran haber percibido pequeñas carreras entre las hojas secas o movimientos que desaparecen en cuestión de segundos. Sea verdad o tradición transmitida entre excursionistas, la Piedra del Duende continúa formando parte del folclor contemporáneo de la zona, recordando que incluso en los espacios naturales más visitados de la ciudad todavía sobreviven relatos que invitan a observar el bosque con una mirada distinta.