La Fábrica de Artes y Oficios (FARO) Cosmos convirtió la tarde del 10 de diciembre en un encuentro de arte, memoria y comunidad para rendir homenaje a Gabriela Mistral a ocho décadas de haber recibido el Premio Nobel de Literatura. El espacio cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México reunió danza, teatro, música y voces de ambos países para recordar la obra y el pensamiento de una de las figuras fundamentales de la literatura chilena e hispanoamericana.

El tributo convocó a la banda chilena Magnolia Blues Rock, al elenco de artes escénicas del Colegio Pedro Aguirre Cerda de La Serena y a Roco Pachukote, vocalista de La Maldita Vecindad, quienes compartieron escena en una jornada que subrayó el vínculo histórico y afectivo entre México y Chile.

Un recorrido escénico por la vida de Mistral

El programa abrió con la obra interdisciplinaria “Mistral, bitácora de un Alma”, dirigida por Adriana Ireland y Tania Araya e interpretada por jóvenes del Colegio Pedro Aguirre Cerda. La puesta en escena combinó danza, teatro, música y poesía para acercar al público al universo creativo de la escritora.

Ireland destacó la importancia simbólica de presentar este trabajo en México, país clave en la trayectoria de la autora. Araya, por su parte, subrayó que el proyecto busca acercar a infancias y adolescencias a experiencias artísticas que transformen su formación, honrando el espíritu humanista que acompañó la labor educativa de Mistral.

Música para una poeta universal

El homenaje continuó con la participación de Roco Pachukote, quien interpretó una pieza en náhuatl dedicada al contingente chileno. Desde el escenario, celebró la apertura del FARO Cosmos como un espacio cultural para las comunidades del barrio.

Más tarde, Magnolia Blues Rock llevó la poesía de Mistral a un territorio sonoro que viaja del Hill Country Blues al Bossa Nova. La banda, que desde su primer disco ha musicalizado textos de la autora, presentó “Dame la mano, poesía musical”, proyecto que reinterpreta su lírica desde un enfoque contemporáneo.

Coke Araya, vocalista y guitarrista, explicó que la obra mistraliana dialoga con las raíces latinoamericanas y con una sensibilidad vinculada a la naturaleza. Para Claudio Araya, baterista y fundador del grupo, la musicalización de los poemas implicó un reto creativo que buscó respetar la fuerza de la palabra escrita desde un lenguaje musical propio. Ambos coincidieron en que uno de los objetivos del proyecto es conectar a nuevas generaciones con la obra de la poeta, sin importar el género musical desde el que se acerquen.

Poesía, comunidad y celebración

La presentación musical generó un ambiente festivo en el que los poemas de Mistral cobraron nueva vida. La audiencia fue invitada a subir al escenario para cerrar la jornada entre bailes, saltos y una energía compartida que reforzó el espíritu comunitario del evento.

En el cierre, representantes de la Embajada de Chile y del recinto se unieron a todas y todos los artistas en un gesto colectivo de agradecimiento. La jornada reafirmó que la poesía mistraliana continúa funcionando como un puente cultural entre México y Chile, uniendo historias, afectos y formas de crear comunidad.