Esa noche, Noemí Taboada estaba en una fiesta de disfraces en casa de los Tuñón cuando una llamada de su padre interrumpió la velada. Le pidió volver de inmediato. No era por su relación con Hugo Duarte, como ella pensó en un inicio, sino por una carta inquietante que acababa de llegar. Su prima Catalina aseguraba que la casa donde vivía estaba infestada, cargada de una presencia oscura y, además, que alguien intentaba envenenarla.

Preocupado por la salud física y mental de su sobrina, el padre de Noemí le pide viajar a un remoto pueblo minero cercano a Pachuca para comprobar qué está ocurriendo. La misión es clara, verificar el estado de Catalina y, si es necesario, traerla de vuelta a la Ciudad de México, incluso considerar su internamiento en La Castañeda. Así comienza el viaje hacia La Victoria, un poblado ficticio inspirado en Real del Monte, marcado por el abandono y el eco de su antiguo esplendor minero.

En lo alto del pueblo, frente al panteón inglés, se erige High Place, una casona victoriana donde vive Catalina junto a la familia de su esposo, los Doyle. El lugar es oscuro, húmedo y decadente, como si la casa misma respirara un pasado que se resiste a desaparecer. Sus habitantes son aún más inquietantes: rígidos, fríos y atrapados en costumbres que parecen pertenecer a otro siglo.

Una vez instalada, Noemí comienza a notar que algo no encaja. Catalina cambia de ánimo constantemente, como si estuviera siendo manipulada. La servidumbre se mueve de forma mecánica, sin voluntad. Las paredes cubiertas de moho parecen latir, y los sueños de Noemí se vuelven cada vez más vívidos, casi tangibles. Incluso comienza a caminar dormida. Mientras tanto, los Doyle se comportan de forma hostil y evasiva, protegiendo un secreto que se intuye peligroso.

¿Se trata de una casa embrujada? ¿Una familia con un origen siniestro? ¿Una maldición heredada? ¿Pueden ser vampiros? La novela avanza entre estas preguntas mientras Noemí desentraña los oscuros secretos de los Doyle, acercándose cada vez más a una verdad que amenaza con consumirla.

Gótico (Mexican Gothic) de Silvia Moreno-García es una novela de terror gótico ambientada en el México de mediados del siglo XX. La autora retoma los códigos clásicos del género para construir una historia envolvente, donde la atmósfera juega un papel fundamental. La humedad, el moho y la sensación de encierro se sienten casi físicos, creando una experiencia inmersiva para el o la lectora.

La obra dialoga con referentes del género como Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, La maldición de Hill House de Shirley Jackson y Drácula de Bram Stoker. Incluso pareciera sacada de American Gothic, el cuadro de los granjeros pintado por Grant Wood. Sin embargo, lejos de ser un simple homenaje, la novela logra construir una identidad propia al trasladar el horror gótico a un contexto mexicano, algo poco explorado dentro del género.

Uno de los mayores aciertos de Mexican Gothic es precisamente esa adaptación cultural. Al inspirarse en la historia minera y el entorno de Real del Monte, Moreno-García crea un escenario que resulta familiar para lectoras y lectores mexicanos, mientras que para el público internacional aporta una atmósfera distinta, cargada de simbolismo y tensión.

Gótico (Mexican Gothic) se consolida como una novela de terror imprescindible para quienes buscan historias de casas embrujadas con un giro fresco. Es un relato que combina tradición y reinvención, donde el horror no solo habita en los muros de una casa, sino también en las estructuras de poder, la herencia y el control.