Un nuevo estudio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) arroja luz sobre una práctica cultural poco documentada en la Huasteca: una variante de deformación craneal que da a la cabeza un aspecto casi cúbico. El hallazgo proviene de la Zona Arqueológica Balcón de Montezuma, en la Sierra Madre Oriental, donde especialistas analizaron los restos de un hombre que vivió entre los años 400 y 900 d.C., durante el periodo Clásico mesoamericano.

Los análisis, encabezados por el antropólogo físico Jesús Ernesto Velasco González, forman parte del proyecto Nuevas Exploraciones en la Zona Arqueológica Balcón de Montezuma. Con nuevas metodologías, el equipo ha revisado materiales resguardados desde los años 90 y realizado excavaciones recientes para reinterpretar la historia del asentamiento. Fue así como identificaron, por primera vez en este sitio, una deformación craneal intencional del tipo tabular superior o paralelepípeda, una forma rara en Mesoamérica que provoca que el cráneo adopte rasgos cuadrados en lugar de cónicos.

Aunque este tipo de modificación se había registrado previamente en El Zapotal, Veracruz, y en algunos contextos del área maya, el caso de Balcón de Montezuma muestra particularidades únicas. Estudios de isótopos revelan que el individuo era originario de la región, lo que sugiere que esta práctica no llegó por migración directa, sino que pudo tener un significado propio dentro de las dinámicas culturales locales. La deformación craneal, común en la Mesoamérica prehispánica, era una forma de identidad visual que se lograba mediante tablillas, vendajes y dispositivos aplicados en la infancia.

El proyecto también ha permitido retomar investigaciones que quedaron pendientes desde la apertura del sitio al público. Con el análisis de materiales recuperados desde 2010, se ha logrado reconstruir con mayor detalle la historia de esta antigua urbe serrana, que mantuvo vínculos con comunidades de la Costa del Golfo, el norte de México e incluso regiones que hoy forman parte del sur de Estados Unidos. Estos nuevos estudios no solo actualizan las hipótesis planteadas hace más de tres décadas, sino que abren nuevas preguntas sobre la diversidad cultural en la Huasteca y su relación con el resto de Mesoamérica.