En pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, en el antiguo barrio de Atzacoalco, se alza una iglesia que parece desafiar las leyes de la gravedad: la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto. Esta construcción, marcada por una inclinación visible y un pasado lleno de historia, fue la última gran obra religiosa edificada durante el periodo colonial, justo antes de la Independencia de México.
Un templo entre el arte, la fe y el hundimiento
Construida entre 1806 y 1819, la iglesia fue impulsada por el conde de Bassoco, quien encargó su diseño al renombrado arquitecto Manuel Tolsá. Aunque Tolsá elaboró los bocetos, la obra fue llevada a cabo por sus discípulos Ignacio Castera y Agustín Paz. El resultado fue un edificio monumental con una de las cúpulas más grandes de la época: 30 metros de diámetro por 15 de alto, sostenida por gruesos muros y contrafuertes que la mantienen de pie hasta hoy.
Pero no todo fue perfección arquitectónica. En un error que hoy se estudia en libros de historia del arte y la ingeniería, los constructores usaron dos tipos distintos de piedra: una pesada y sólida de un lado, y del otro, tezontle, una piedra volcánica mucho más ligera. Este desequilibrio causó que el edificio se inclinara poco después de su inauguración. Tan visible es la inclinación que muchxs la comparan con la Torre de Pisa mexicana.
Neoclásico por fuera, sobrio por dentro
Aunque conserva ciertos rasgos barrocos en su forma general, la ornamentación interior y exterior de la iglesia es neoclásica. Las torres, los frontones y la enorme cúpula responden al estilo que marcó el inicio del siglo XIX en México. Sin embargo, el interior sorprende por su sobriedad: el altar principal desapareció hace décadas y las pinturas del techo se han ido perdiendo por el paso del tiempo, la humedad y la falta de mantenimiento.
La nave central tiene 2,800 metros cuadrados y alcanza 30 metros de altura. En la parte posterior, la rotonda recibe luz filtrada por la cúpula, aunque el resto del recinto permanece en penumbra. A pesar de su deterioro, aún pueden apreciarse algunas obras de Miguel Cabrera y Juan Correa, así como el sepulcro del educador Juan Rodríguez Puebla.
Una iglesia con historia migrante y milagrosa
La iglesia está dedicada a Nuestra Señora de Loreto, patrona de la ciudad costera de Loreto, en Italia. Según la tradición, una casa de piedra fue milagrosamente trasladada por ángeles desde Tierra Santa hasta Italia, y en ella habría vivido la Virgen María. La imagen venerada aquí, tallada en cedro, es una réplica de la Virgen Negra de Loreto, a la que se le atribuyen numerosos milagros.
Frente a la iglesia se encuentra la Plaza Loreto, una zona que también guarda historia. En el siglo XVIII, fue hogar del Convento de Santa Teresa la Nueva. En el siglo XX, al remodelarse la plaza, se destruyó la que fuera la primera sinagoga construida en México. En el centro de la plaza destaca una fuente diseñada por el propio Manuel Tolsá, originalmente colocada en Bucareli.
En peligro de desaparecer
Hoy, la Iglesia de Loreto es considerada una de las construcciones más vulnerables del Centro Histórico. Las grietas en muros y cúpulas aumentan, el hundimiento del terreno sigue avanzando, y los frescos continúan desprendiéndose. A pesar de reparaciones puntuales —como el sellado de la cúpula en 1995 y una restauración parcial en 2001—, la falta de recursos ha impedido una rehabilitación integral. La Arquidiócesis ha señalado públicamente que no cuenta con los fondos necesarios para rescatarla.
En 1832, las autoridades temieron su colapso y ordenaron cerrarla. Pero en 1850 volvió a abrir sus puertas, y desde entonces, ha resistido con dignidad el paso del tiempo.
¿Sabías que…?
- La inclinación de la iglesia es tan notoria que se puede ver a simple vista desde la plaza.
- Aunque su estilo recuerda a Tolsá, el edificio fue ejecutado por sus alumnos, quienes también trabajaron en la Catedral Metropolitana.
- En su interior alguna vez existió una réplica de la Casa de Loreto de Italia, aunque ya no se conserva.
- Fue construida sobre el mismo terreno donde, siglos antes, los indígenas de Tacuba levantaron una iglesia de tejamanil bajo la dirección del cacique Antonio de Cortés.

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