En medio del bullicio de los mercados y el ir y venir de antigüedades en La Lagunilla, hay un rincón que resguarda el alma del barrio: la Iglesia de Santa Catarina y la plaza que lleva su nombre. Juntas forman un oasis de historia, arquitectura y tradiciones que han acompañado a este barrio desde hace más de cuatro siglos.
Un barrio nacido de la laguna
Antes de que existieran calles y edificios, esta zona era una pequeña laguna entre Tenochtitlan y Tlatelolco. Con el tiempo, el agua se fue secando y en su lugar surgió un nuevo barrio que, hasta hoy, conserva el nombre de La Lagunilla. En 1537, cuando los primeros vecinos españoles comenzaron a asentarse en el área, la cofradía de Santa Catarina fundó un hospital y una capilla en honor a Santa Catalina de Alejandría, con el apoyo de nada menos que Hernán Cortés.
Una iglesia con muchos comienzos
La capilla fue elevada a parroquia en 1568, al mismo tiempo que la Iglesia de la Santa Veracruz. Esto fue parte de un esfuerzo por ampliar la atención espiritual ante el crecimiento acelerado de la población criolla y española en la ciudad. La iglesia actual ha vivido varias transformaciones: inundaciones, reconstrucciones y remodelaciones marcaron su historia. En especial, la gran inundación de 1629 dejó severos daños; tanto así que la imagen de la Virgen de Guadalupe llegó en una procesión de barcos para consolar a la población.
En 1692, el arquitecto Cristóbal de Medina Vargas rediseñó la iglesia, dándole su estilo barroco actual. Luego, en 1740, se realizó una gran renovación y en el siglo XIX se reforzaron las bóvedas, la torre y se reconstruyó el altar mayor.
Un punto clave en la historia virreinal
Gracias a su ubicación estratégica —al norte de la Catedral y justo al inicio del camino a la Basílica de Guadalupe— la plaza de Santa Catarina fue durante siglos un escenario clave para la vida pública de la ciudad. Desde ahí partían procesiones religiosas, se daban la bienvenida a nuevos virreyes y se celebraban actos de la Real Universidad de México, ya que Santa Catarina era su patrona.
En su interior también guarda historias: en la capilla de la Preciosa Sangre fueron sepultados el historiador Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y su esposa. Y en 1770 fue bautizado Mariano Matamoros, uno de los héroes insurgentes de la Independencia.
Sobreviviente al paso del tiempo
Como muchos templos históricos de la ciudad, la iglesia fue dañada por el sismo de 2017 y tuvo que cerrar sus puertas. Pero en 2022, gracias al trabajo del Fideicomiso del Centro Histórico, reabrió al público tras una cuidadosa restauración.
Hoy, su fachada de tezontle y cantera, con pilastras, estípites y óculos, sigue sorprendiendo a quienes caminan por el barrio. Aunque La Lagunilla puede parecer caótica, la iglesia de Santa Catarina sigue siendo ese espacio de calma, memoria y resistencia, justo donde todo comenzó.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.