Mientras los grandes saqueos arqueológicos suelen acaparar titulares, hay otro problema que avanza casi en silencio: el robo del patrimonio documental de México. Manuscritos, archivos históricos, expedientes y códices también están en riesgo, y por eso el Instituto Nacional de Antropología e Historia decidió pasar a la acción con una herramienta clave: una guía para prevenir el robo de acervos documentales.

Desde la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, su titular Thalía Velasco Castelán reconoce que este tipo de delitos han permanecido fuera del radar público. El mayor reto es que, en muchos casos, ni siquiera se sabe cuántos documentos se han perdido. Sin registros claros, la memoria se vuelve frágil y la denuncia casi imposible.

Una guía para proteger la memoria escrita del país

La nueva guía fue desarrollada en conjunto con el Archivo General de la Nación y está pensada para llegar a quienes conviven a diario con los documentos: archivistas, bibliotecarios y personal de centros de documentación de todo México. El objetivo es sencillo pero urgente: evitar el robo antes de que ocurra.

El punto de partida es el orden. Contar con inventarios, catálogos y registros fotográficos permite identificar los bienes documentales y actuar rápidamente en caso de sustracción. Sin esta información, recuperar piezas robadas se vuelve una tarea cuesta arriba.

Restaurar, investigar y conservar desde el territorio

Además de la prevención, el INAH mantiene activos diversos proyectos de conservación. Uno de los más destacados es el trabajo realizado con el Códice Tlatelolco, un documento fundamental para la historia del país elaborado en amate. La intervención fue tan precisa que recibió el Premio INAH en la categoría de conservación, restauración e investigación.

El trabajo no siempre ocurre en laboratorios. En zonas como Tulum, así como en sitios con manifestaciones rupestres en Baja California, Nuevo León y Oaxaca, los restauradores realizan labores in situ, enfrentando condiciones ambientales y sociales específicas.

Comunidades, jóvenes y archivos vivos

Un eje central del trabajo del INAH es la colaboración con las comunidades. La conservación no funciona si las personas que resguardan el patrimonio no se identifican con él. Por eso, la estrategia nacional pone énfasis en la educación, la divulgación y el diálogo, especialmente con jóvenes y niñas y niños.

Archivistas, bibliotecarios y fototecarios también juegan un papel clave. Ellos reciben capacitación sobre manejo adecuado, resguardo y uso responsable de los documentos, reduciendo el desgaste cotidiano que puede llevar al deterioro o a pérdidas irreparables.

Más ojos cuidando el patrimonio cultural de México

Ante la enorme riqueza histórica del país, el mensaje es claro: no basta con unas cuantas instituciones. Proteger el patrimonio documental requiere sumar esfuerzos, compartir conocimientos y generar conciencia social. Desde los templos comunitarios hasta los grandes archivos nacionales, cada documento cuenta una parte de nuestra historia colectiva.

En los laboratorios del Ex Convento de Churubusco, el INAH continúa investigando y restaurando bienes documentales, textiles, cerámica, pintura y materiales orgánicos. Un trabajo silencioso pero vital para que la memoria de México no se pierda entre sombras.