La relación entre los mexicas y el mundo animal fue mucho más compleja de lo que suele imaginarse. Un nuevo estudio publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) arroja luz sobre una de las facetas más intrigantes de la antigua Tenochtitlan: el cautiverio de animales y la posible existencia de espacios especializados que han sido identificados, de manera histórica, como el llamado zoológico de Moctezuma.

El libro El cautiverio de los animales en la antigua ciudad de Tenochtitlan, publicado en 2026, analiza restos óseos de 28 ejemplares hallados en ocho ofrendas del Templo Mayor, específicamente en el Huei Teocalli. A partir de este material, la investigación propone nuevas interpretaciones sobre cómo eran mantenidas, alimentadas y utilizadas distintas especies dentro del corazón ceremonial mexica.

El estudio estuvo a cargo del arqueólogo Israel Elizalde Méndez, integrante del Proyecto Templo Mayor, uno de los programas de arqueología urbana más importantes de México. La obra, coeditada por la Secretaría de Cultura, el INAH y el Ancient Cultures Institute de San Francisco, se estructura en cinco capítulos y plantea una metodología detallada para el análisis de restos zoológicos prehispánicos.

Entre las especies identificadas se encuentran águila real, águila harpía, codorniz, jaguar, lobo y espátula rosada, recuperadas de ofrendas numeradas entre la 6 y la 141. El análisis osteológico reveló lesiones articulares, infecciones y traumatismos regenerados, señales que sugieren que muchos de estos animales vivieron en cautiverio durante periodos prolongados. Según Elizalde, el grado de afectación observado hace poco probable que varios de ellos hubieran sobrevivido en estado silvestre.

Uno de los aspectos más reveladores del estudio es la reconstrucción parcial de la dieta de las aves rapaces, gracias al análisis de residuos alimenticios, lo que permite entender mejor los cuidados que recibían estos animales. Incluso se plantea la posibilidad de que algunos lobos hayan sido reproducidos en cautiverio, una hipótesis que abre nuevas líneas de investigación sobre el manejo de fauna en el México prehispánico.

En cuanto a la ubicación del llamado zoológico de Moctezuma, el libro retoma un plano de 1524 asociado a Hernán Cortés, donde se sugiere que el vivario se encontraba detrás del recinto sagrado. Aunque no existe evidencia arquitectónica directa, debido a las limitaciones para excavar en el centro histórico de la Ciudad de México, los restos animales hallados en el Templo Mayor funcionan como prueba material del cautiverio.

Este volumen forma parte de la colección Reportes del Proyecto Templo Mayor y deriva del trabajo de tesis con el que Elizalde obtuvo su licenciatura en la ENAH, investigación que fue reconocida con mención honorífica en los Premios INAH. Además, dialoga con otros estudios como Mar, tierra y cielo. El universo de los animales en el Templo Mayor, donde se subraya el papel simbólico de la fauna en la cosmovisión mexica, como representación de los distintos planos del universo y como intermediarios rituales con las deidades.

Más allá del mito del zoológico, este estudio permite comprender cómo los animales formaban parte activa de la vida ritual, política y simbólica de Tenochtitlan, revelando una ciudad donde naturaleza, poder y religión estaban profundamente entrelazados.