El 24 de enero de 2026 ya ocupa un lugar propio en la memoria del rock latinoamericano. Esa noche, José Madero no solo ofreció el concierto más ambicioso de su carrera como solista, también confirmó algo que su público sabe desde hace años: su música atraviesa generaciones y sigue creciendo con ellas.
El Estadio GNP fue el escenario de una jornada monumental. Durante casi cuatro horas ininterrumpidas, el cantautor regiomontano presentó Érase Una Bestia, un espectáculo que forma parte de Sarajevo La Gira, el tour con el que ha recorrido los escenarios más relevantes de América Latina y diversas ciudades europeas, consolidando su proyección internacional.
Con una puesta en escena sólida y una ejecución impecable, Madero construyó un recorrido por una década de trayectoria solista a través de un setlist de 45 canciones. El concierto funcionó como un mapa emocional de su discografía, acompañado por la fuerza y precisión de su banda, La Doble V, que potenció cada momento con una energía arrolladora.
Uno de los sellos más celebrados de Sarajevo La Gira ha sido la reinvención de canciones clave dentro de su repertorio. En esta ocasión, la reversión de “Final Ruín” junto a un conjunto de mariachi se convirtió en uno de los momentos más memorables de la noche, desatando la euforia colectiva y demostrando la versatilidad sonora del proyecto.
El concierto también tuvo espacio para la cercanía. Un bloque acústico de ocho canciones permitió a José Madero explorar la intimidad y la sensibilidad que caracterizan su escritura, sin perder intensidad emocional. A ello se sumaron versiones de “Every Rose Has Its Thorn” de Poison y “Heartbreak Station” de Cinderella, guiños al rock clásico que fueron recibidos con entusiasmo por un público completamente entregado.
El lleno total del Estadio GNP marcó un nuevo hito en su carrera. Más allá de las cifras, el propio Madero ha insistido en que el verdadero valor de estos encuentros está en la conexión construida con su audiencia, una relación que quedó clara en cada coro coreado y en cada silencio compartido.
Hacia el cierre del concierto, el artista dedicó palabras de agradecimiento a quienes lo han acompañado durante estos diez años como solista. En una industria cambiante, esa fidelidad habla de una sinergia poco común entre creador y público, forjada a lo largo del tiempo y sostenida por canciones que han sabido envejecer con dignidad.
Ese vínculo también se reflejó antes del concierto con la exhibición del Museo José Madero Vizcaíno, una experiencia que reunió memorabilia clave de su trayectoria. Aunque la muestra ya había pasado por el Auditorio Nacional y la Arena Monterrey, en esta ocasión incluyó piezas inéditas que sorprendieron incluso a los seguidores más cercanos.
La noche en el Estadio GNP confirmó el poder de convocatoria de José Madero y su lugar como una de las voces fundamentales del rock latinoamericano contemporáneo. Un capítulo decisivo en una carrera que, lejos de cerrarse, sigue escribiendo nuevas páginas doradas.

Entérate de todo lo que está ocurriendo en temas culturales, gastronómicos y turísticos en la Ciudad de México.
Mantente informadx con todas las noticias que publicamos todos los días.