La ciclovía de Calzada de Tlalpan, uno de los proyectos de movilidad más relevantes del sur de la Ciudad de México, avanza entre expectativas y preocupaciones. Vecinas, vecinos y personas usuarias de bicicleta han comenzado a señalar riesgos importantes en algunos tramos donde el carril ciclista carece de confinamientos físicos adecuados, lo que deja a ciclistas expuestos al tránsito vehicular.

Aunque el proyecto busca transformar una de las avenidas más largas y transitadas de la capital, la ejecución desigual ha encendido alertas sobre la seguridad vial, especialmente en zonas de alta velocidad y cruces complejos.

Tramos críticos de la ciclovía en Calzada de Tlalpan

Uno de los puntos que concentra mayor inquietud es el bajo puente de Taxqueña con Miguel Ángel de Quevedo, donde el carril para bicicletas está únicamente delimitado con pintura. La ausencia de barreras físicas permite que automóviles y transporte público invadan la ciclovía, convirtiendo el trayecto en un espacio de alto riesgo.

Esta situación no es aislada. Usuarios frecuentes señalan otros segmentos problemáticos, como Tlalpan dirección sur después de Viaducto, así como el cruce con Río Churubusco, donde el diseño actual no ofrece protección suficiente frente al flujo vehicular.

Vecinos y ciclistas piden claridad sobre el proyecto

Representantes vecinales han manifestado que, durante reuniones con autoridades, la información sobre el tipo de confinamiento ha sido ambigua. En algunos encuentros se les ha indicado que el proyecto se va “adaptando”, lo que ha generado incertidumbre sobre el resultado final de la ciclovía Gran Tenochtitlán.

La falta de comunicación clara también ha provocado tensiones en la zona. Al no conocer el diseño completo, algunos sectores de la ciudadanía responsabilizan a la ciclovía de problemas preexistentes como la congestión vial o los accidentes, desviando la atención de factores como la velocidad excesiva y la falta de cultura vial.

Confinamientos irregulares y soluciones a medias

Calzada de Tlalpan no es una vialidad homogénea y eso se refleja en la ciclovía. Hay tramos donde el ancho del carril varía entre 1.20 y 2.40 metros, lo que ha dado lugar a soluciones distintas: jardineras de diferentes tamaños, bolardos, separadores plásticos e incluso vialetas. Sin embargo, en varios puntos solo existe la línea pintada sobre el asfalto.

Para colectivos ciclistas, estos elementos no sustituyen un confinamiento real, especialmente en una avenida de alta velocidad como Tlalpan. La petición principal es clara: instalar jardineras u otros elementos físicos continuos en las zonas donde el riesgo es mayor.

Seguimiento ciudadano al avance de la obra

Organizaciones como Caravana Ciclista han participado en reuniones de seguimiento, donde presentan observaciones para mejorar el proyecto. Aunque reconocen que algunas solicitudes han sido atendidas de manera gradual, advierten que aún falta coherencia en el diseño final.

Está previsto que a finales de enero o principios de febrero se realice un recorrido completo por la ciclovía para verificar que cumpla con las características de seguridad prometidas desde el inicio.

Mientras tanto, la ciclovía de Calzada de Tlalpan se mantiene como un proyecto en construcción no solo física, sino social, donde la seguridad, la información y el diálogo con la comunidad serán clave para que realmente funcione como una alternativa segura de movilidad.