Lejos de limitarse a la preservación del repertorio clásico, la Compañía Nacional de Danza ha convertido 2025 en un terreno fértil para la experimentación, el diálogo entre estilos y la formación de nuevas miradas coreográficas. Con una nueva dirección artística encabezada por Erick Rodríguez y Elisa Carrillo como directora artística adjunta, la agrupación del INBAL se consolidó este año como un auténtico laboratorio donde conviven la danza clásica, el neoclásico y las búsquedas contemporáneas.
El balance anual habla por sí solo. Más de 90 presentaciones artísticas y una asistencia estimada de 160 mil personas colocan a la CND como una de las compañías con mayor presencia escénica del país. A ello se suma una estrategia digital que amplió su alcance, con funciones virtuales y transmisiones en vivo que reunieron a miles de espectadores dentro y fuera de México.
En el Palacio de Bellas Artes, la compañía reafirmó su vínculo con el gran público a través de títulos emblemáticos. Lago de los cisnes, en una nueva versión en dos actos acompañada por la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, agotó localidades en ocho funciones. A esta temporada se sumó Coppélia, presentada como parte de la celebración del Día Internacional de la Danza en la UNAM, y más adelante Giselle, en versión coreográfica de Svetlana Ballester, que también registró lleno total y sirvió como inauguración del X Encuentro Nacional de Danza.
Uno de los ejes más significativos del año fue la creación contemporánea. El programa ATMAN reunió seis estrenos firmados por coreógrafas mexicanas y puso en el centro nuevas voces femeninas dentro de la escena dancística nacional. Esta apuesta dialogó con el programa Coreógrafos internacionales, que llevó al escenario obras de creadores de distintas latitudes, incluido un estreno mundial, y reafirmó la vocación global de la compañía.
La CND también diversificó públicos y espacios. En el Teatro de la Danza “Guillermina Bravo” destacó Carnaval de los animales, una producción pensada para niñas, niños y jóvenes que incorporó una Función Relajada para público neurodivergente con apoyo de Lengua de Señas Mexicana. En el Centro Nacional de las Artes, el programa Ecos permitió visibilizar el trabajo de coreógrafos emergentes y maestros en activo de la compañía.
Más allá de la capital, la Compañía Nacional de Danza extendió su presencia a distintos estados del país mediante festivales, colaboraciones universitarias y funciones con elencos locales. Esta labor se reflejó también en su actividad internacional, con presentaciones en Miami y Puerto Rico que reforzaron el intercambio artístico y la proyección del ballet mexicano en el extranjero.
El año cerró con un fuerte énfasis en la formación. Clases magistrales, ensayos con maestras y maestros invitados, así como el trabajo conjunto con escuelas especializadas, permitieron que estudiantes y jóvenes bailarines se integraran a producciones de gran formato, fortaleciendo así el relevo generacional.
En conjunto, 2025 marcó una etapa de consolidación para la Compañía Nacional de Danza, no solo como intérprete del repertorio clásico, sino como un espacio vivo de creación, formación y diálogo con públicos diversos.

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