La temporada 2025 de la Compañía Nacional de Ópera confirmó que la ópera en México no es un arte anclado al pasado, sino un territorio vivo donde la memoria, la innovación y la reflexión social conviven sobre el escenario. A lo largo del año, el proyecto artístico del INBAL apostó por relecturas críticas de los clásicos, estrenos largamente esperados y la recuperación del patrimonio operístico nacional, con una participación colectiva que reunió a 178 artistas.
Desde su apertura, la programación dejó claro su rumbo. La Sinfonía coral Romeo y Julieta de Héctor Berlioz, bajo la dirección de Stefan Lano, inauguró la temporada con un poderoso despliegue sinfónico-coral que reafirmó la vocación internacional del Palacio de Bellas Artes y el diálogo constante con grandes batutas del mundo.
Uno de los momentos más contundentes llegó con Lady Macbeth de Mtsensk, de Dmitri Shostakóvich, estrenada por fin en México tras su cancelación en 2020. La dirección escénica de Marcelo Lombardero y la musical de Migran Agadzhanyan construyeron una lectura intensa y actual, atravesada por una clara perspectiva de género. La obra no solo conmemoró el cincuentenario luctuoso del compositor, sino que agotó localidades en todas sus funciones, confirmando el interés del público por propuestas arriesgadas y contemporáneas.
La revisión de la violencia estructural continuó con Rigoletto, de Giuseppe Verdi, en una puesta en escena de Enrique Singer que puso el acento en el abuso de poder y la violencia de género. El reparto, integrado por voces mexicanas de proyección internacional como Alfredo Daza, Arturo Chacón-Cruz y Leticia de Altamirano, subrayó la solidez del talento nacional y el fortalecimiento de los modelos de colaboración dentro del propio INBAL.
La experimentación escénica tuvo un punto clave con el estreno en América de Un re in ascolto, de Luciano Berio, una ópera compleja y poco frecuente basada en un texto de Italo Calvino. La producción, realizada en colaboración con el Instituto Italiano de Cultura, integró multimedia y lenguajes escénicos contemporáneos, posicionando a la Compañía Nacional de Ópera en la conversación internacional durante el centenario del natalicio de Berio.
Otro de los grandes hitos fue Elektra, de Richard Strauss, dirigida escénicamente por Mauricio García Lozano. La obra profundizó en los temas de memoria, violencia y poder desde una perspectiva psicológica y visualmente impactante. Destacó, además, la presencia mayoritaria de cantantes mexicanas en roles protagónicos, un hecho histórico para esta ópera, así como su participación en el Festival Internacional Cervantino.
La temporada también apostó por la memoria musical mexicana con la reposición de La leyenda de Rudel, de Ricardo Castro, presentada con su orquestación original. Este montaje multidisciplinario devolvió al escenario una obra clave del repertorio nacional, reafirmando la importancia de revisar y activar el patrimonio operístico del país.
El reconocimiento a las trayectorias artísticas tuvo su espacio con galas dedicadas a Javier Camarena y Arturo Chacón-Cruz, así como con conciertos conmemorativos por el 70 aniversario de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes. Estas celebraciones dialogaron con la formación de nuevas generaciones, impulsada a través del Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli y el trabajo constante del Estudio de la Ópera de Bellas Artes.
A lo largo de 2025, la Compañía Nacional de Ópera consolidó también su presencia digital mediante transmisiones en vivo que ampliaron el alcance de sus producciones más allá de la sala. Estrenos, innovación tecnológica, memoria histórica y una lectura crítica del presente definieron una temporada que reafirmó al Palacio de Bellas Artes como uno de los escenarios operísticos más relevantes de América Latina.

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