Hay obras que se observan desde la butaca y otras que te invitan a cruzar la puerta. La fiesta pertenece a la segunda categoría: una experiencia escénica donde el público deja de ser espectador pasivo para convertirse en cómplice silencioso de una historia fragmentada.
Escrita y dirigida por Bárbara Colio, la obra se presentará en Un Teatro con una temporada breve de 12 funciones, apostando por un formato inmersivo que rompe con la lógica tradicional del teatro.
Un recorrido escénico donde cada historia se arma distinto
La premisa es sencilla en apariencia: Emma, una actriz y escritora, organiza una celebración en una antigua casa. Pero bajo esa superficie se esconde un viaje hacia la memoria, la infancia y las heridas que no terminan de cerrar.
El público recorre distintos espacios de la casa —salón, cocina, oficina, baño o vestíbulo— siguiendo a personajes específicos. Cada trayecto revela fragmentos distintos de la historia, como si la narrativa estuviera hecha de habitaciones en lugar de escenas.
El resultado es una experiencia única para cada asistente. No hay una sola versión de la obra, sino tantas como recorridos posibles.
Teatro inmersivo en la Ciudad de México
A diferencia de una puesta convencional, La fiesta propone movimiento constante. El espectador camina, observa de cerca, escucha conversaciones ajenas y decide, consciente o no, qué historia seguir.
Este formato convierte al espacio escénico en un organismo vivo donde las acciones suceden de manera simultánea. En algún punto, todos los caminos desembocan en la celebración final: una fiesta donde los asistentes comparten el mismo espacio y reconstruyen, desde sus propias piezas, el sentido de la obra.
Un elenco que sostiene la experiencia
La puesta cuenta con un elenco encabezado por Karina Gidi, acompañada por Claudia Ríos y Andrés Weiss, entre otros intérpretes que dan vida a personajes atravesados por secretos, tensiones y afectos no resueltos.
La cercanía con el público exige un trabajo actoral preciso, donde cada gesto y cada palabra se perciben sin filtros.
Una experiencia que invita a volver
Uno de los atractivos del montaje es su naturaleza cambiante. Quien decide regresar puede elegir un recorrido distinto y descubrir nuevas capas de la historia, como si la casa guardara secretos inagotables.
En ese juego de perspectivas, la obra plantea una pregunta que flota más allá del escenario: ¿hasta dónde seríamos capaces de llegar para reconciliarnos con quienes fuimos?


Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.