El Museo Yancuic abrió sus puertas a un viaje que abraza ciencia, memoria y asombro infantil. “Códice Cósmico de México Tenochtitlan”, el nuevo cortometraje presentado en este espacio cultural, propone una travesía visual donde tres niñas y niños observan el cielo nocturno y, con esa mirada luminosa que suele desarmar certezas, invitan al público a reencontrarse con la antigua relación entre la ciudad y el universo que la ha acompañado desde hace siete siglos.

La presentación formó parte de un programa especial realizado en colaboración con las UTOPÍAS y Colisionador de Ideas. El estreno reunió a voces del ámbito cultural y científico que han impulsado proyectos para acercar conocimientos ancestrales a nuevas generaciones. Entre ellas estuvieron Ana Francis López Bayghen, titular de Cultura capitalina; Ernesto Márquez Nerey, director del museo; José Manuel Rodríguez Ramírez, responsable de la Red de Museos de la ciudad; así como los divulgadores Pepe Gordon y Luis Cabrera.

La pieza audiovisual, presentada por Gordon y Cabrera, teje un puente entre astronomía, códices, relatos míticos y preguntas contemporáneas. Más que reconstruir el pasado, lo hace palpitar en el presente. El cortometraje recupera la manera en que los mexicas observaban el cielo para orientar ciclos agrícolas, relatos fundacionales y decisiones comunitarias. Es un recordatorio de que la ciencia también nace de la intuición y de la escucha hacia el territorio.

Durante el evento, López Bayghen subrayó que el aniversario 700 de México Tenochtitlan es también una oportunidad para reconocer la vitalidad de las culturas regionales que dan forma a la identidad nacional. La ciudad, señaló, vive un momento en el que su riqueza cultural y comunitaria vuelve a resonar en el ámbito internacional.

Gordon compartió la inspiración detrás del proyecto Colisionador de Ideas, un espacio donde distintas formas de pensamiento se encuentran para generar nuevas chispas de creatividad. Recordó una experiencia con un coro infantil que sintetiza el espíritu del proyecto: transformar la nota roja en nota musical, un gesto que convierte entornos difíciles en posibilidades de creación.

Además del cortometraje, el museo inauguró una exposición en formato de biombo que expande sus temas centrales. A través de ilustraciones, fragmentos de códices y referencias astronómicas, el público recorre cuatro ejes que cuentan cómo los mexicas miraban y habitaban el mundo: la observación del cielo, los ciclos agrícolas, los espacios de intercambio y los relatos míticos que sostenían su organización social y espiritual.

La experiencia se complementó con actividades diseñadas por el equipo de mediación del museo. Un juego interactivo permitió entender el funcionamiento de las chinampas, esas ingenierías flotantes que alimentaron a la antigua ciudad. Un taller sobre el calendario Tonalpohualli guio a participantes de todas las edades a reconocer la relación entre nacimiento, ciclos naturales y simbolismos.

El resultado fue una jornada que hiló ciencia, arte y comunidad. “Códice Cósmico de México Tenochtitlan” no se limita a mirar hacia atrás: invita a lectores, visitantes y curiosos a imaginar un futuro donde la tecnología y los saberes ancestrales convivan como dos constelaciones que se buscan en el mismo cielo.