Este fin de semana, el Jardín Escénico vuelve a convertirse en un territorio donde las ideas corren sin pedir permiso. La rebelión de los crayones, una narración escénica creada junto con niñas y niños, llegará al ciclo Contar un jardín para encender la imaginación de las familias y hacer del espacio cultural un lugar propio y compartido. La cita es este sábado 13 de diciembre a las 12 h, con entrada libre para cien asistentes.

La actividad estará guiada por Itzel Enciso y Miquel Talavera, quienes han trabajado durante meses con el grupo Peces Monstruo, un colectivo infantil de Pedregal de Santo Domingo, Santa Úrsula y Cortínez. De esos encuentros nació una versión nueva y vibrante del cuento: una historia donde los crayones se hartan de ser secundarios y reclaman un sitio justo en la aventura de su amigo Duncan.

La sesión invita a las infancias a conversar con los personajes, transformar el relato y construir nuevas rutas narrativas a partir de sus preguntas, ocurrencias y gestos. Aquí, las niñas y los niños no solo escuchan: moldean la historia mientras la viven, convirtiéndose en protagonistas creativos. El Laboratorio de Creación, donde se realizará la actividad, está diseñado para que puedan explorar con libertad, improvisar y experimentar sin barreras.

Para Itzel Enciso, este trabajo comunitario también abre un espacio para hablar de derechos culturales desde la cercanía. Cada encuentro alimenta la confianza del grupo y demuestra que las infancias pueden reclamar con fuerza su lugar en los escenarios. “Respetar su autonomía implica escuchar de verdad lo que desean contar”, explica. En ese camino, la mirada adultocentrista se va desvaneciendo y emerge una voz colectiva que sorprende por su sensibilidad.

El Jardín Escénico también forma parte esencial del relato. Para muchas de las niñas y niños involucrados, fue el primer teatro que visitaron. Con el tiempo, el sitio se volvió una especie de hogar imaginario donde todo puede pasar: un escenario sembrado por la memoria, el juego y la comunidad. Volver allí, ahora como narradoras, narradores y creadoras, convierte la experiencia en un gesto profundamente simbólico.

El tejido que sostiene esta propuesta llega también desde las familias. Madres, padres, vecinas y vecinos acompañan el proceso, preparan vestuarios, celebran avances y ayudan a que cada niña y niño suelte el miedo para entrar en escena. La rebelión de los crayones no es solamente una actividad cultural: es un ejercicio comunitario donde se canta, se imagina y se cuidan sueños en voz alta.

Al final, Itzel agradece a quienes hacen posible esta pequeña constelación creativa: las y los integrantes de Peces Monstruo, con sus ideas que desafían cualquier guion establecido; la Escuelita Emiliano Zapata, que presta su espacio para cada encuentro; y todas las infancias que han sumado su energía a lo largo del camino.

La invitación queda abierta para quien quiera sumarse a una mañana luminosa, donde la imaginación se desborda y el cuento se vuelve un territorio compartido. Un sábado para jugar, narrar y recordar que las historias más potentes nacen en comunidad. ✨🖍️