En medio de la colonia Roma, entre cafeterías de moda, avenidas transitadas y edificios porfirianos, existe un lugar que parece resistirse al tiempo y al cambio acelerado de la ciudad. Se trata de La Romita, un pequeño barrio con identidad propia, historia milenaria y un ambiente que recuerda más a un pueblo que a una de las zonas más populares de la Ciudad de México.

Aunque oficialmente forma parte de la colonia Roma, La Romita es, en muchos sentidos, un barrio dentro de otro barrio. Sus calles angostas, su plaza central y su vida comunitaria la convierten en uno de los rincones más singulares y menos evidentes de la capital.


De Aztacalco a La Romita, un origen prehispánico

La historia de La Romita comienza mucho antes de la fundación de la colonia Roma. En época prehispánica, este territorio fue un pequeño islote llamado Aztacalco, nombre náhuatl que significa “en la casa de las garzas”. Se encontraba rodeado por las aguas del antiguo lago de Texcoco y muy cerca de la gran Tenochtitlan.

Tras la Conquista, Aztacalco fue uno de los espacios donde se permitió que la población indígena continuara habitando. Durante el periodo colonial, el pueblo conservó su carácter independiente, incluso cuando el lago desapareció y la ciudad comenzó a expandirse.


El origen del nombre La Romita

A mediados del siglo XVIII, un camino que conectaba la Ciudad de México con Chapultepec pasaba cerca del antiguo pueblo. Su abundante arbolado recordó a algunos viajeros a las avenidas de Roma, Italia, y comenzaron a llamarlo de forma coloquial La Romita, es decir, una Roma en pequeño. El nombre aparece documentado oficialmente desde 1752.

Más tarde, cuando los potreros cercanos fueron fraccionados para crear un exclusivo barrio para las clases altas, el nuevo desarrollo tomó el nombre de colonia Roma. La Romita, sin embargo, se resistió a desaparecer o transformarse por completo, manteniendo su traza original y su vida comunitaria.


Un barrio que resistió a la modernidad

Mientras la colonia Roma crecía y se modernizaba, La Romita quedó social y urbanísticamente separada. Durante buena parte del siglo XX fue estigmatizada como una zona peligrosa y marginal, habitada por familias de bajos recursos.

Hoy, aunque el entorno ha cambiado y la inseguridad ha disminuido, el barrio conserva un aire distinto. Aquí las calles se convierten en callejones, las casas rara vez superan los dos pisos y el ritmo de vida es más pausado, casi como si el tiempo caminara más despacio.


La Plaza de La Romita y su capilla histórica

El corazón del barrio es la Plaza de La Romita, una pequeña explanada adoquinada rodeada de árboles frondosos, con una fuente al centro que refuerza su atmósfera de pueblo. A unos pasos del ruido del Eje Cuauhtémoc y de avenida Chapultepec, este espacio ofrece una sensación inesperada de calma.

Aquí se encuentra la Capilla de San Francisco Javier, también conocida como Capilla de La Romita. Su origen se remonta al siglo XVI y conserva una de las bóvedas más antiguas de la Ciudad de México. A lo largo del tiempo, el templo ha sido escenario de devociones populares, leyendas urbanas y rituales comunitarios que siguen vigentes.


La Romita en el cine y la cultura popular

La Romita también ocupa un lugar especial en la memoria cultural del país. Varias escenas de la película Los olvidados (1950), de Luis Buñuel, fueron filmadas en este barrio, retratando la crudeza de la vida urbana en el México de mediados del siglo XX.

Un mural cercano y algunos detalles del entorno recuerdan este vínculo cinematográfico, reforzando la idea de La Romita como un espacio cargado de historias, contradicciones y simbolismos.


Murales, leyendas y vida de barrio

Caminar por los callejones de La Romita es descubrir murales contemporáneos, misceláneas de toda la vida, tortillerías históricas y pequeños negocios que sobreviven al paso del tiempo. Los fines de semana, la zona se llena de aromas a garnacha: tlacoyos, sopes, tacos y jugos naturales aparecen alrededor de la plaza.

El barrio también es terreno fértil para las leyendas urbanas. Desde apariciones fantasmales hasta historias de ahorcados y robachicos, La Romita ha alimentado la imaginación popular durante generaciones, consolidando su fama de lugar misterioso dentro de la ciudad.


¿Qué hacer y cómo llegar a La Romita?

La Romita se ubica entre las calles Puebla, Durango, Morelia y la avenida Cuauhtémoc. Se puede llegar fácilmente caminando desde la colonia Roma o desde la avenida Chapultepec, aunque su acceso discreto hace que muchos pasen de largo sin notarla.

Visitarla implica caminar sin prisa, sentarse en su plaza, observar su arquitectura modesta y convivir con sus habitantes. Es un recordatorio de que, incluso en una metrópoli en constante transformación, aún existen espacios que resguardan la memoria profunda de la ciudad.