En el Jardín Escultórico del Museo de Arte Moderno, una serie de hilos rojos se extiende como si el espacio respirara memoria. Se trata de Las ancestras que tejen, hablan y caminan, la instalación de la artista María Sosa que invita a mirar el tejido no solo como técnica, sino como un lenguaje que conecta cuerpo, territorio y tiempo.

La pieza, realizada en colaboración con la maestra tejedora María Hernández, está conformada por seis urdimbres de hilo rojo de entre cuatro y siete metros de longitud, acompañadas por seis mecapales de ixtle colocados en la entrada del museo. Su presencia transforma el recorrido cotidiano en una experiencia de contemplación que remite al gesto ancestral de tejer como forma de cuidado y resistencia.

Más que un ejercicio formal, la instalación propone un diálogo entre el arte contemporáneo y los saberes prehispánicos, cruzando campos como la antropología, la historia y las prácticas comunitarias. El telar de cintura, técnica mesoamericana que sigue viva en distintas regiones del país, aparece aquí como un hilo conductor que une pasado y presente frente a la lógica de la producción industrial y el consumo acelerado.

En este trabajo, el tejido funciona también como metáfora del universo. La urdimbre y la trama evocan una cosmovisión en la que todo está interconectado: los cuerpos, la naturaleza y los distintos planos del mundo se afectan entre sí y se construyen en equilibrio. Caminar entre los hilos es, de alguna manera, atravesar esa red simbólica donde nada existe de forma aislada.

La obra pone énfasis en la transmisión del conocimiento como un acto colectivo. El telar de cintura se aprende de persona a persona, en un proceso que implica tiempo, paciencia y diálogo. En muchas comunidades, tejer es también convivir, compartir historias y fortalecer vínculos, una dimensión social que la instalación recupera y resignifica dentro del espacio museístico.

Otro de los ejes centrales de Las ancestras que tejen, hablan y caminan es su relación con la naturaleza. La técnica tradicional requiere atar un extremo de la urdimbre a un árbol para generar la tensión necesaria, creando un vínculo físico y simbólico entre quien teje y el entorno natural. Así, la obra subraya una relación profunda entre el ser humano, los ecosistemas y una visión del cosmos donde todo se sostiene mutuamente.

La instalación puede visitarse hasta febrero de 2026 en el Jardín Escultórico del Museo de Arte Moderno, ubicado en Paseo de la Reforma y Gandhi, dentro del Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México. El museo abre de martes a domingo, de 10 a 18 horas.