En el número 21 de Paseo de la Reforma, en plena expansión de la Ciudad de México a inicios del siglo XX, surgió uno de los espacios más fascinantes del esoterismo nacional: el Centro Esotérico Oriental de México. Fundado en 1903 por Alberto Santini, quien se hacía llamar Dr. Sarak, junto con Juana Giessmann, este centro buscó convertirse en un puente entre sabidurías antiguas, simbolismos ocultos y las corrientes espirituales que recorrían el mundo moderno de entonces.
Desde su inauguración el 27 de septiembre de 1903, el Centro Esotérico Oriental se planteó como una institución dedicada a explorar temas místicos y ocultistas en una época donde México experimentaba un florecimiento cultural y una curiosidad creciente por lo espiritual. Su presencia sobre Reforma —la avenida que simbolizaba la modernidad y el progreso— fue un detalle significativo, allí convergían no solo ideas políticas y económicas, sino también inquietudes profundas sobre el destino, la energía y la verdad oculta detrás de la vida cotidiana.
En 1904, la identidad visual del centro cobró forma gracias al diseño del logotipo realizado por Emilio Calvayrac, una mezcla de símbolos que reflejaban la estética ocultista del momento. Ese año también marcó un momento clave en la historia del centro: Francisco I. Madero, figura crucial para la historia política de México, presentó la solicitud oficial de inscripción del centro, un gesto que atestigua la atención que estas corrientes espirituales despertaban entre sectores influyentes de la sociedad mexicana.
Pero no todo fue reconocimiento. Con el paso del tiempo, algunas voces críticas cuestionaron la legitimidad del Dr. Sarak. El investigador Jesús Ceballos Dosamantes documentó que Santini nunca perteneció al legendario Consejo de Blavatsky —fundadora de la teosofía internacional— y que incluso su figura estuvo envuelta en acusaciones de fraude en países tan diversos como Bélgica, España, Argentina, Perú, Venezuela y Cuba. Estas afirmaciones pintan a un personaje tan enigmático como polémico, cuya sombra se extendió más allá de las fronteras mexicanas.
El surgimiento del Centro Esotérico Oriental se inserta en un contexto más amplio: a fines del siglo XIX y principios del XX, corrientes como la teosofía, el espiritismo y otras prácticas místicas circulaban con fuerza en América Latina. México no fue la excepción. Intelectuales, artistas y políticos mostraban interés por explorar realidades más allá de lo tangible, generando un debate que trascendía la simple superstición.
Aunque hoy en día el Centro Esotérico Oriental ya no existe como institución, su legado sigue siendo parte de la historia menos convencional de la Ciudad de México. Fue un lugar donde lo espiritual se entrelazó con la modernidad, donde símbolos ocultos convivieron con la vida pública y donde figuras como el Dr. Sarak desafiaron los límites entre creencia y escepticismo. Este rincón desaparecido de Reforma sigue siendo testigo de que la capital mexicana, incluso en su arquitectura y sus ideas más insólitas, ha sido siempre un crisol de lo profano y lo sagrado.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.