En el número 128 de Bucareli, en el Edificio Vizcaya (entrada C-1), existió un estudio que durante décadas alimentó una de las historias más inquietantes y sorprendentes del arte mexicano del siglo XX. Ahí, entre químicos, placas vírgenes y un cuarto en penumbra, el fotógrafo Armando Salas Portugal desarrolló lo que llamó la Fotografía del Pensamiento, un experimento que para muchxs rozaba lo paranormal.

Salas Portugal (1916–1995) no era un improvisado. Reconocido por su trabajo en paisaje y arquitectura —especialmente por su vínculo con creadores como Luis Barragán—, fue una figura clave en la construcción visual de la modernidad mexicana. Sin embargo, entre 1950 y 1972 decidió explorar un territorio distinto, más cercano a la frontera entre arte, ciencia y misterio.

El procedimiento era tan sencillo como perturbador. En su estudio del Edificio Vizcaya, las personas se sentaban en un cuarto oscuro. Sonaba música de fondo. Frente a ellas, una placa fotográfica virgen. Se les pedía concentrarse en una imagen, un recuerdo, una forma. Nada más. No había proyección visible ni manipulación aparente. Solo pensamiento.

Al revelar la placa, aparecían imágenes abstractas, manchas y formas que, según lxs participantes, correspondían a aquello que habían imaginado. Salas Portugal denominó a estas piezas Fotografía Numinal o Fotografía del Pensamiento. Para él, no eran trucos, sino manifestaciones de una energía mental capaz de dejar huella en el material fotosensible.

En plena segunda mitad del siglo XX, cuando la ciencia avanzaba con paso firme pero el interés por la parapsicología también ganaba terreno, las imágenes comenzaron a circular bajo una etiqueta que no tardó en popularizarse: fotografías paranormales. ¿Era posible que la mente influyera directamente sobre la materia? ¿Se trataba de sugestión, de procesos químicos aún no comprendidos o de un fenómeno psíquico genuino?

El experimento llamó tanto la atención que en la década de 1970 Salas Portugal fue invitado a conferencias y estudios, incluida una visita a la NASA, donde tuvo contacto con el Dr. Joseph Rhine, considerado el padre de la parapsicología. Lejos de desmarcarse del misterio, el fotógrafo lo abrazó con una visión poética. En 1968 publicó Fotografías del pensamiento, donde describía el acto mental como una fuerza que “busca huellas y símbolos en el eco luminoso que se desplaza y bulle en nosotros”.

Las imágenes resultantes eran abstractas, en blanco y negro o color, cargadas de una estética casi cósmica. No mostraban rostros ni escenas definidas, sino vibraciones visuales que parecían emerger desde un espacio interior. Salas Portugal conservó gran parte de esta producción en secreto durante años, como si supiera que su obra caminaba por una línea delicada entre la experimentación artística y lo inexplicable.

Hoy, la Fotografía del Pensamiento sigue generando preguntas. Más allá de si fue un fenómeno paranormal o una exploración avanzada de procesos químicos y sugestión, el proyecto revela una faceta poco conocida de un fotógrafo fundamental para México. En el antiguo estudio del Edificio Vizcaya, la cámara dejó de ser solo un instrumento para capturar el mundo exterior y se convirtió en una herramienta para intentar revelar el interior de la mente.

En una ciudad llena de relatos insólitos, la historia de Armando Salas Portugal y sus fotografías numinales ocupa un lugar especial: el punto exacto donde el arte, la ciencia y el misterio se miran de frente.