En la calle Luis Moya 54, en el corazón de la Ciudad de México, funcionó en los años veinte el consultorio de una mujer que prometía leer el destino como quien descorre una cortina. Se hacía llamar Zulema Moraima Gelo, “Doctora de la Ilusión”, vidente árabe, mora africana, cartomántica de prestigio internacional. Pero había nacido en Huichapan, Hidalgo, bajo el nombre de María Ciriaca Rosaura Reséndis.
Su historia pertenece a esa zona donde la crónica urbana se mezcla con la leyenda y la publicidad de época.
La pitonisa que hablaba con la historia
A Zulema se le atribuyó haber predicho la Primera Guerra Mundial, la influenza española de 1918, el asesinato de Venustiano Carranza y la muerte prematura del poeta Ramón López Velarde. Según versiones recogidas décadas después, el autor de La suave patria salió de su consulta estremecido tras escuchar que moriría joven y asfixiado.
La prensa ilustrada de los años veinte y treinta convirtió su nombre en referencia cultural. Su figura aparecía entre notas sociales, crónicas taurinas y columnas satíricas. Era invocada lo mismo para anticipar el destino de un torero que para ironizar sobre los temblores políticos del mundo. Su fama creció en una ciudad que comenzaba a modernizarse, pero que todavía miraba el porvenir con superstición y ansiedad.
Saquitos de Tierra Santa y polémicas públicas
Tras cada consulta, Zulema ofrecía pequeños saquitos con supuestas reliquias de Tierra Santa. Prometía resolver asuntos de amor, salud o fortuna en cuestión de días. Sus anuncios hablaban de resultados garantizados.
Sin embargo, la rival Zaida Celinda reveló que aquella “mora africana” era en realidad una mujer hidalguense y que sus amuletos estaban hechos con residuos de café, tachuelas y cuero viejo. La revelación no apagó del todo su brillo. Más bien añadió un ingrediente más a su mito.
La prensa también documentó escándalos personales, acusaciones de fraude y hasta agresiones en su propio consultorio. En 1952, cuando la Secretaría de Gobernación emprendió una campaña contra cartománticas y adivinos, su nombre volvió a circular en los diarios. Después, el silencio.
Vendedoras de esperanza en la ciudad moderna
Zulema Moraima no fue un caso aislado. Formó parte de un fenómeno urbano donde clarividentes y palmistas ocupaban páginas enteras de periódicos y consultorios en colonias céntricas. Su hermana, conocida como Nelly Mulley, también ejerció el oficio.
Más allá de la veracidad de sus profecías, su historia revela algo más profundo: en tiempos de epidemias, crisis políticas y cambios vertiginosos, la ciudad buscaba respuestas. Y las encontraba frente a una bola de cristal iluminada por la promesa de certeza.
En Luis Moya 54 no solo se vendían augurios. Se comercializaba alivio. Se ofrecía narrativa para explicar lo inexplicable. Zulema fue, en ese sentido, una empresaria del destino y una figura clave del imaginario esotérico de la Ciudad de México en el siglo XX.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.