Durante décadas, la figura de Maximiliano de Habsburgo ha sido examinada desde la historia política, la biografía y la novela histórica. Sin embargo, pocas veces se ha mirado con atención una de sus facetas más silenciosas y reveladoras: la de dibujante. Esa omisión es justo el punto de partida del investigador Aurelio de los Reyes García-Rojas, quien propone escuchar la “voz” del malogrado emperador de México a través de sus trazos y cuadernos personales.

El resultado de esta investigación se plasma en el libro Maximiliano y su diario de 1863. La construcción de un emperador vista por un mexicano publicado en 2025 por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y el Seminario de Cultura Mexicana. La obra reúne textos y dibujos realizados por el propio archiduque, ofreciendo una lectura distinta de su personalidad, sus ideas y su relación con México antes de asumir el trono.

De Maximiliano se ha repetido, casi como un mantra, que fue un gobernante ingenuo, un mal administrador o un soñador sin sentido político. Frente a esa imagen arraigada, De los Reyes García-Rojas se pregunta qué decía Maximiliano de sí mismo y qué revelan sus propios registros. No solo a través de diarios y correspondencia familiar, sino también mediante ilustraciones que, en palabras del investigador, “hablan mucho de él”.

Esa voz, aclara, no es completamente transparente. Maximiliano omitía aspectos de su vida privada, como sus conflictos sentimentales o su relación con Carlota. Aun así, lo que sí aparece permite matizar la visión negativa que suele acompañarlo. Sus escritos y dibujos muestran a un personaje informado, con proyectos claros de gobierno y una postura liberal que expresó desde antes de llegar a México, incluso frente a los conservadores que lo apoyaron.

Uno de los hallazgos más significativos del libro es el análisis de un autorretrato que Maximiliano realizó a los 13 años y que hoy ilustra la portada. En él, el joven archiduque aparece frente a un escritorio, entre la vigilia y el sueño, mientras detrás se despliega un complejo paisaje simbólico con medios de transporte, arquitectura monumental y referencias al poder imperial. Para el investigador, la composición revela una mente inquieta, fascinada por los viajes, la técnica y la idea de imperio.

Los diarios juveniles, conservados en archivos de Viena y Trieste, muestran una evolución clara en su técnica de dibujo, incluso con el uso del color en algunos cuadernos de viaje por Medio Oriente. No obstante, el archivo está incompleto. Faltan diarios clave, correspondencia política y documentos financieros, lo que sugiere una intervención posterior de la familia imperial para controlar su legado.

La investigación que dio origen al libro tomó casi dos décadas. Durante más de 15 años, De los Reyes García-Rojas visitó de manera constante el archivo de Viena, reconstruyendo pacientemente un Maximiliano menos caricaturesco y más humano, cuyos dibujos funcionan como ventanas a sus aspiraciones, contradicciones y fantasías.

Como parte de la difusión de esta obra, se llevará a cabo un conversatorio sobre Maximiliano y su diario de 1863 en el Centro de Estudios de Historia de México de la Fundación Carlos Slim, donde se profundizará en esta mirada alternativa sobre uno de los personajes más complejos del siglo XIX mexicano.