La migración suele contarse desde la herida, la frontera o la urgencia. Los Rumbos, el nuevo cortometraje animado de la directora mexicana Julia Granillo Tostado, elige otro camino. A través de una flor, el movimiento del cuerpo y la materia orgánica del dibujo, la cineasta propone una mirada poética sobre el desplazamiento, el desarraigo y la posibilidad de encontrar hogar en territorios lejanos.
El proyecto, actualmente en producción, marca un nuevo capítulo en la trayectoria de Granillo, animadora, bailarina y coreógrafa, cuya obra ha destacado por fusionar animación análoga, simbolismo natural y exploraciones identitarias. Tras Anhelo (2019), Tonalli (2021) y Ser Semilla (2024), este último nominado al Ariel 2025, Los Rumbos profundiza en un tema que atraviesa su experiencia personal.
La historia gira en torno a una flor de cempasúchil que, al igual que animales y personas, migra y echa raíces en un país extranjero. La elección no es casual. El cempasúchil, originario de México, llegó a la India hace más de tres siglos y hoy forma parte esencial de sus rituales, bodas y celebraciones religiosas. En esa travesía botánica, la directora encontró una poderosa metáfora para hablar del movimiento humano y cultural.
Más que una narración tradicional, Los Rumbos se construye como una pieza experimental donde el cuerpo y el ritmo sustituyen a las palabras. Granillo utiliza danzas tradicionales de la India y bailes folclóricos mexicanos como un lenguaje común que conecta culturas, memorias y territorios, creando un diálogo visual que trasciende fronteras geográficas y lingüísticas.
Fiel a su método artesanal, la directora trabaja con animación análoga dibujada en papel, utilizando pigmentos naturales extraídos de flores como cempasúchil, pericón, jamaica y bugambilia. El proceso, lento y orgánico, refuerza la idea central del cortometraje: la migración como un fenómeno natural que atraviesa plantas, animales y seres humanos.
Para Granillo, abordar este tema desde la metáfora es una forma de abrir nuevas lecturas. En lugar de recurrir a narrativas duras o políticas, propone una reflexión sensible que invita a repensar quién decide los límites del territorio y qué significa realmente pertenecer a un lugar. La migración, sugiere, no es una anomalía, sino una condición inherente a la vida.
Este enfoque también responde a su interés por mostrar la cultura mexicana desde ángulos menos estereotipados. A través de la magia, la poesía visual y la animación, la cineasta busca ampliar el imaginario sobre lo mexicano y crear un espacio donde más historias puedan contarse desde la sensibilidad y la experimentación.
El desarrollo de Los Rumbos cuenta con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, en la vertiente Jóvenes Creadores, un programa que, para la directora, resulta clave para permitir procesos creativos personales dentro de una industria que suele exigir trayectorias consolidadas desde el inicio.
Mientras avanza en la producción del cortometraje, Julia Granillo también trabaja en el guion de lo que espera sea su primer largometraje, consolidando una voz autoral que entiende la animación como un territorio fértil para hablar de identidad, memoria y movimiento.

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