La ficción suele ser un refugio, pero a veces también funciona como una herida abierta. Mal de río, novela de Luisa Reyes Retana, se instala justo ahí: en el punto donde la literatura deja de ser solo relato y se vuelve espejo de un conflicto que atraviesa comunidades enteras del sureste mexicano.

La historia se sitúa en la cuenca del río Usumacinta, una de las regiones con mayor biodiversidad del país y, al mismo tiempo, un territorio históricamente amenazado por intereses económicos, proyectos extractivos y decisiones políticas tomadas a distancia. En este paisaje de selva y agua, la autora construye una narración donde el río no es un fondo decorativo, sino una presencia viva que observa, resiste y sufre junto a quienes lo habitan.

La novela sigue a Príamo Zepeda, un hombre atravesado por el desgaste físico y emocional que implica oponerse a proyectos hidroeléctricos capaces de transformar de manera irreversible su entorno. Su resistencia no es épica, sino cansada, persistente, marcada por pérdidas que no siempre se nombran. En contraste, la historia de Marcia Corona, una abogada que trabaja para la empresa interesada en intervenir el río, abre una grieta distinta. Traicionada por sus propios jefes, Marcia comienza a cuestionar el lugar desde el cual ha defendido el proyecto y a replantear sus decisiones.

Con una prosa directa e intensa, Luisa Reyes Retana, ganadora del Premio Mauricio Achar en 2017, retrata el activismo ambiental no solo como una lucha política, sino como una batalla íntima contra la culpa, la derrota y el silencio impuesto. Mal de río no se limita a denunciar, sino que explora las consecuencias humanas del despojo: el dolor colectivo, la memoria herida y la fragilidad de comunidades rurales que enfrentan un sistema que avanza sin escuchar.

En sus páginas, la defensa del territorio se entrelaza con la violencia del crimen organizado, la corrupción política y la vulnerabilidad social. El río, considerado en la ficción como el último río vivo de México, se convierte en un personaje herido cuyo destino corre en paralelo al de quienes han decidido no abandonarlo.

Más que una novela ambiental, Mal de río es una reflexión literaria sobre el costo humano de los proyectos invasivos y sobre la urgencia de mirar, desde la ficción, aquello que en la realidad suele ignorarse.