México alberga cerca de 900 mil hectáreas de manglares, una de las mayores extensiones en el planeta. Sin embargo, estos ecosistemas vitales se encuentran bajo constante amenaza debido al cambio de uso de suelo, la expansión urbana y la falta de planeación territorial. En el marco del Día Internacional para la Conservación del Ecosistema de Manglares, celebrado cada 26 de julio, especialistas en arquitectura del paisaje hacen un llamado urgente a proteger y restaurar estos espacios que no sólo son refugio de biodiversidad, sino una auténtica barrera de defensa natural frente a los embates del cambio climático.

Los manglares no son simples paisajes: funcionan como escudos naturales contra huracanes, mitigan la erosión de las costas, capturan carbono a largo plazo y purifican el agua. Además, son el hogar de múltiples especies, muchas de ellas migratorias, y actúan como amortiguadores de tormentas en las zonas más vulnerables del país. La Sociedad de Arquitectos Paisajistas de México (SAPmx) destaca que su pérdida comprometería no sólo la salud ambiental de las costas, sino también el bienestar social y económico de muchas comunidades.

Más allá de su función ecológica, los manglares sostienen economías locales. Desde la producción de miel de manglar —conocida por su sabor salado y calidad gourmet— hasta la obtención de tintes naturales como el del mangle rojo en Oaxaca, estos ecosistemas proveen recursos valiosos que, cuando se aprovechan de forma regulada, permiten generar ingresos sin comprometer su integridad. En lugares como la laguna de Chacahua, la recolección de la almeja tichinda es ejemplo de una práctica sustentable que une tradición y conservación.

El turismo responsable también encuentra en los manglares un espacio privilegiado. Kayaks, recorridos educativos y observación de aves generan ingresos sostenibles que refuerzan el vínculo entre naturaleza y comunidad. Sin embargo, la falta de conciencia sobre su valor ha hecho que muchos proyectos urbanísticos ignoren o destruyan estos hábitats, priorizando el corto plazo por encima de la resiliencia ecológica a largo plazo.

Desde la perspectiva de la arquitectura del paisaje, integrar los manglares a proyectos de diseño territorial no sólo es viable, sino necesario. Restaurar estos ecosistemas —principalmente a través de la reforestación— permite recuperar servicios ambientales, mejorar la conectividad ecológica y proteger la vida de miles de personas. La SAPmx impulsa una visión en la que el diseño del paisaje también es una herramienta de justicia social y climática.

“La conservación no debe limitarse a la utilidad de un ecosistema, sino partir de su derecho a existir”, señala Rodrigo Escamilla, fundador de JNM Jardines Nativos Mexicanos. “Como arquitectos paisajistas, debemos diseñar con conciencia ecológica y responsabilidad social, sabiendo que cada intervención territorial tiene un impacto directo en las comunidades y el medio ambiente”.

Proteger los manglares es proteger el futuro. Son barreras contra tormentas, reservorios de carbono, fuentes de vida y cultura. Más que paisajes, son una línea de defensa esencial frente a los retos climáticos del presente.