En el panorama arquitectónico de Mérida en 2025, pocos proyectos han generado una conversación tan sugerente como la restauración de Mansión Xodó. Lejos de seguir la estética dominante que hoy define buena parte del centro histórico, esta intervención propone algo menos predecible y mucho más estimulante: entender la restauración como un ejercicio de diálogo curatorial con el pasado.

Al frente del proyecto está la arquitecta Guiomar Peniche, fundadora de Utópica Estudio, quien decidió no imponer una narrativa única sobre una casa marcada por capas, excesos y contradicciones. El encargo inicial apuntaba a una intervención discreta, casi cosmética. Sin embargo, al explorar la residencia, el equipo se encontró con una suerte de gabinete de curiosidades doméstico: referencias globales que iban desde mobiliario escandinavo y piezas de inspiración hindú hasta un dormitorio temático inspirado en La Sirenita.

Contra la fórmula yucateca

El camino fácil habría sido borrar esa acumulación de historias y aplicar la fórmula probada del diseño yucateco contemporáneo: chukum, textiles neutros y pisos de pasta perfectamente alineados con la tendencia. Una solución elegante, sí, pero también una renuncia a la identidad singular del lugar.

Peniche optó por una ruta distinta. En lugar de neutralizar el pasado, decidió amplificarlo y reinterpretarlo. El eclecticismo no se corrigió; se convirtió en el eje conceptual del proyecto. La restauración fue profunda y estructural: desde el levantamiento de pisos hasta la reconfiguración total de la cocina, que fue trasladada al frente de la casa para redefinir la experiencia espacial. Los exteriores también se transformaron, en especial la piscina, que dejó atrás su estética de balneario para asumir la serenidad de un claustro sevillano.

Del exceso literal a la abstracción

Uno de los gestos más reveladores del proyecto fue no demoler los elementos más excéntricos, sino traducirlos. El antiguo dormitorio temático fue resignificado como una suite de inspiración selvática, donde la referencia ya no es literal, sino conceptual. Esta lógica atraviesa toda la casa: los conceptos preexistentes se depuran y se elevan hacia una abstracción sofisticada, sin negar su origen.

La arquitectura original funciona ahora como un gran escenario cuidadosamente curado. Los techos de seis metros, las bóvedas y la mampostería expuesta dialogan con nuevas capas simbólicas. En el zaguán, una réplica histórica de la Estela de Quiriguá convive con un speakeasy oculto tras una biblioteca. La cava subterránea mantiene su solemnidad mientras se integra a una colección de arte contemporáneo que incluye obras de Pedro Reyes, Gonzalo Lebrija y Dr. Lakra.

Cada habitación propone una lectura distinta, inspirada en imaginarios globales que van de lo japonés a lo helénico, sin caer en la cita literal ni en el pastiche.

Habitar la historia sin domesticarla

Mansión Xodó se posiciona así como uno de los proyectos más relevantes del año en Mérida, no por su apego a la tendencia, sino por su capacidad de cuestionarla. Su valor radica en demostrar que la restauración arquitectónica puede ser un acto crítico, capaz de dialogar con la historia sin borrarla ni convertirla en decorado.

Más que una casa restaurada, el proyecto propone una forma de habitar el pasado con conciencia curatorial. Una arquitectura que no busca ser neutra, sino significativa. En tiempos de homogeneización estética, esa decisión resulta no solo disruptiva, sino profundamente necesaria.