A pocos días de la Nochebuena, los pasillos de algunos mercados públicos de la Ciudad de México cuentan una historia distinta a la de otros diciembres. Espacios tradicionalmente desbordados por el trajín previo a la cena navideña, como el mercado de Portales en la alcaldía Benito Juárez y el mercado de San Juan en Cuauhtémoc, registran una afluencia inusualmente baja, según relatan sus propios comerciantes.

Aunque el movimiento no se ha detenido por completo, la mayoría de las personas acude únicamente a realizar compras cotidianas. “Antes, en estas fechas, no había ni tiempo de sentarse a comer”, recuerdan locatarios que comparan el ritmo actual con el de años anteriores. Conchita, una compradora habitual, explica que esta semana solo adquirió ingredientes para un ponche de posada y dejará las compras fuertes de Navidad para el último momento.

Entre las razones que explican este descenso en las ventas navideñas aparecen varios factores que atraviesan la vida económica de la ciudad. Los comerciantes mencionan la competencia de tiendas de autoservicio y plataformas de entrega a domicilio, así como el impacto de protestas agrícolas recientes y el aumento de aranceles que han encarecido productos tradicionales de la temporada.

Uno de los casos más visibles es el del bacalao, ingrediente infaltable en muchas mesas decembrinas, cuyo precio alcanza los 420 pesos por kilo en Portales y hasta 800 pesos en el mercado de San Juan. En pollerías tradicionales como Pollotzin, el pavo en canal se vende alrededor de 150 pesos el kilo, aunque las ventas todavía no despegan como en otros años. En establecimientos vecinos, los precios oscilan entre los 140 pesos por kilo de pavo, los mil 800 pesos del lechón o los 350 pesos del pato.

El contraste se repite en las fruterías. En Portales, productos clásicos para el ponche y las piñatas mantienen precios relativamente estables: jícama a 30 pesos el kilo, naranja a 35, caña a 25 y tejocote a 60. “Con unos 400 pesos se llena una piñata”, calcula Irma, comerciante de La Gran Familia, donde también se venden piñatas desde 110 pesos.

La escena resulta llamativa si se compara con el recuerdo colectivo de mercados saturados, filas interminables y jornadas extenuantes para los vendedores. Hoy, a pesar de que el calendario avanza y el Zócalo capitalino ya encendió las luces del festival Luces de Invierno, muchos locatarios confían en que los últimos días antes de Navidad devuelvan algo del bullicio que solía definir estas fechas.

Con información de La Jornada.