La estación La Villa-Basílica del Metro de la Ciudad de México no solo conecta con una de las zonas más visitadas de la capital, sino que es en sí misma un punto de encuentro entre la historia prehispánica, la tradición católica y la vida cotidiana de millones de personas.
Su nombre y logotipo resumen siglos de simbolismo. Originalmente conocida solo como “La Villa”, esta estación cambió su denominación en 1996 a “La Villa-Basílica” para evitar confusiones con otra estación que antes se llamaba “Basílica” (hoy Deportivo 18 de Marzo). El ícono que la representa es la silueta de la Virgen de Guadalupe junto a la de la Basílica moderna, dos figuras que remiten de inmediato al fervor religioso que se vive en esta zona. Incluso, algunos letreros incluyen una imagen de Coatlicue, en referencia al templo mexica que antiguamente existía en el cerro del Tepeyac, dedicado a Tonantzin, la madre de los dioses.
Y es que el terreno donde hoy se levanta la Basílica de Guadalupe ya era sagrado desde antes de la conquista. En el lugar conocido como Pepeaquilla, los mexicas adoraban a Tonantzin, y se cuenta que en esos mismos parajes ocurrió la aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531. Desde entonces, el Tepeyac ha sido un destino de peregrinación que atrae millones de personas año con año.
La Basílica —o mejor dicho, las Basílicas, porque ha habido varias— es un complejo religioso de gran importancia. La primera se construyó entre 1695 y 1709, la segunda fue embellecida por el escultor Manuel Tolsá en el siglo XIX, y la actual, diseñada por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, es capaz de albergar hasta 12 mil personas en su interior y 30 mil más en el atrio. Es tal la devoción que, en ciertas fechas, puede llegar a recibir más de 100 mil visitantes en un solo día.
Y justo a unas dos cuadras de la entrada principal a este santuario mariano, se encuentra la estación La Villa-Basílica, que para muchos fieles funciona como puerta de entrada espiritual y física. No importa si vienen de otras partes de la ciudad o del extranjero: para muchxs, el viaje hacia la Basílica comienza aquí, bajando del Metro.
La estación forma parte de la Línea 6 del Sistema de Transporte Colectivo y, aunque su flujo diario es relativamente moderado (alrededor de 13 mil personas en promedio), puede dispararse durante eventos religiosos como el Día de la Virgen de Guadalupe. En 2014, por ejemplo, superó los 4.7 millones de usuarios anuales.
Además de ser un punto de paso, La Villa-Basílica es un símbolo en sí misma: una estación que guarda entre sus paredes la memoria de antiguas diosas, leyendas fundacionales y la devoción de millones. Es, sin duda, una parada donde se cruzan el pasado indígena, el fervor guadalupano y el bullicio cotidiano de la gran ciudad.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.