En México, miles de pequeñas y medianas empresas tienen algo en común además de las cuentas, proveedores y jornadas interminables: detrás de ellas hay mujeres que sostienen equipos, generan empleos y convierten proyectos personales en motores económicos. En ese panorama, iniciativas enfocadas en el financiamiento femenino han comenzado a ganar relevancia dentro del ecosistema empresarial del país.

A dos años de su lanzamiento, la plataforma Mujer PyME Banorte ha otorgado más de 1,500 créditos, con un financiamiento acumulado superior a los 3 mil millones de pesos. La cifra revela no solo un crecimiento en el acceso al crédito para empresarias, sino también el peso que tienen las mujeres dentro del sector PyME nacional, especialmente en áreas como comercio y servicios.

De acuerdo con los datos compartidos por el programa, cada crédito otorgado ronda en promedio los 1.9 millones de pesos. Los recursos suelen destinarse a capital de trabajo, flujo operativo y adquisición de activos fijos, necesidades que muchas veces determinan si un negocio logra expandirse o quedarse atrapado en la supervivencia diaria.

El impacto también puede medirse en empleos. Las empresas respaldadas por Mujer PyME Banorte generan en conjunto alrededor de 30 mil puestos de trabajo, con un promedio de 20 empleos por empresa. Detrás de esas cifras hay talleres, despachos, tiendas, agencias, negocios familiares y proyectos que se convierten en pequeñas máquinas económicas dentro de sus comunidades.

El perfil de las empresarias que participan en el programa también ayuda a entender el panorama actual del emprendimiento femenino en México. Las usuarias registradas como Personas Físicas con Actividad Empresarial tienen una edad promedio de 43 años, una etapa en la que muchas mujeres combinan experiencia profesional, liderazgo y búsqueda de estabilidad financiera.

Actualmente, 30% de las empresas financiadas pertenecen al sector comercio y 70% al sector servicios, con presencia importante en ciudades como Ciudad Juárez, Querétaro y Tijuana. En muchos casos, se trata de negocios que crecieron en contextos complejos y que encontraron en el acceso al financiamiento una vía para profesionalizar operaciones y ampliar su capacidad productiva.

Además del financiamiento, el programa ha impulsado espacios de capacitación para empresarias. Más de 500 mujeres han participado en webinars enfocados en desarrollo empresarial y bienestar financiero, temas que se han vuelto fundamentales en un entorno económico donde la adaptación constante parece ser parte obligatoria del manual de supervivencia.

Otro dato que llama la atención es el comportamiento financiero de las participantes. Según cifras del programa, el portafolio Mujer PyME Banorte registra un índice de cartera vencida 32% menor al promedio del crédito PyME del banco. Esto apunta a un patrón de cumplimiento sólido dentro de las empresas lideradas por mujeres, un aspecto que durante años distintos análisis financieros han comenzado a identificar dentro del sector.

Más allá de los números, el crecimiento de programas como Mujer PyME Banorte refleja un cambio gradual en la conversación económica del país. El emprendimiento femenino ya no aparece únicamente como una narrativa de esfuerzo individual, sino como una pieza cada vez más visible dentro de la generación de empleo, la innovación local y el desarrollo económico regional.