En la Ciudad de México, la cultura también se teje desde lo colectivo. Así lo dejó claro el Primer Encuentro Internacional de Mujeres Promotoras del Arte y la Cultura Comunitaria, un espacio que reunió a gestoras, artistas y creadoras de distintas regiones de México y América Latina para intercambiar experiencias, saberes y formas de habitar el territorio desde el arte.

El encuentro se llevó a cabo en la UTOPÍA Cihuacóatl, un espacio que durante una jornada se convirtió en punto de diálogo vivo. Talleres, conversatorios y actividades artísticas dieron forma a una programación que no sólo buscó compartir ideas, sino también fortalecer redes entre mujeres que trabajan directamente en sus comunidades, muchas veces lejos de los grandes circuitos culturales.

Más allá de una agenda institucional, el evento puso sobre la mesa una realidad clara: la cultura comunitaria en América Latina se sostiene, en gran medida, gracias al trabajo de mujeres. Desde distintas voces se subrayó la importancia de visibilizar estas prácticas y de generar espacios donde puedan dialogar en igualdad, compartir estrategias y construir proyectos colectivos.

Uno de los ejes centrales fue la reflexión sobre el papel del arte como herramienta de transformación social. Las participantes coincidieron en que los procesos culturales comunitarios no sólo generan identidad, sino que también abren caminos hacia la participación, la justicia social y la construcción de paz en contextos complejos.

A lo largo del encuentro, también se destacó la importancia de integrar perspectivas de género en la gestión cultural. No se trata únicamente de abrir espacios, sino de replantear las formas en que se construyen los vínculos, poniendo el cuidado, la escucha y la colaboración en el centro de las prácticas artísticas y comunitarias.

El carácter internacional del encuentro permitió reconocer que, aunque los contextos cambian, muchas de las problemáticas y desafíos son compartidos. Desde Colombia hasta distintas regiones de México, las experiencias dialogaron entre sí, trazando un mapa común donde el arte funciona como lenguaje de resistencia y posibilidad.

Este tipo de iniciativas no sólo fortalecen el ecosistema cultural, sino que también apuntan hacia un modelo más horizontal y participativo. La creación de redes entre promotoras culturales abre la puerta a colaboraciones futuras y a una circulación más amplia de proyectos que nacen desde lo local.

Al final, el encuentro dejó una certeza: cuando las mujeres se organizan desde el arte y la cultura, no sólo generan comunidad, también transforman realidades. En una ciudad como la CDMX, donde conviven múltiples identidades y territorios, estos espacios se vuelven fundamentales para imaginar nuevas formas de convivencia y construcción colectiva.