En un planeta que se apaga lentamente, donde humanos y robots comparten los últimos restos de civilización, Oso Polar Decapitado propone una experiencia teatral tan juguetona como inquietante. La obra llega al Teatro El Galeón Abraham Oceransky como una de las apuestas más singulares de la temporada, combinando ciencia ficción, humor improbable y una melancolía que se filtra bajo la superficie del espectáculo.
Dirigida por Martín Acosta, la puesta en escena construye un universo que mira al futuro sin solemnidad, pero con una lucidez que incomoda. Aquí, la catástrofe ambiental, el miedo a la extinción y la dependencia de la tecnología no se presentan como advertencias grandilocuentes, sino como preguntas abiertas que se deslizan entre el juego escénico y la imaginación.
Ciencia ficción desde el escenario
El texto de David Gaitán imagina un mundo al borde de la Noche Eterna, un paisaje congelado donde los humanos conviven con robots que comienzan a necesitar cada vez menos a sus creadores. La obra se apropia de la ingenuidad visual y narrativa de la ciencia ficción de los años sesenta para hablar del presente, recuperando ese tono aparentemente ligero que, en realidad, esconde reflexiones profundas sobre la supervivencia y el sentido de lo humano.
Lejos de construir una distopía cerrada, Oso Polar Decapitado apuesta por la ambigüedad. El futuro que plantea es absurdo, tierno y desolador a la vez. Un espacio donde la risa y la inquietud conviven, y donde un oso polar sin cabeza se convierte en una imagen poética de la pérdida y la búsqueda.
Un montaje como juego y conjuro
La dirección de Martín Acosta recupera la idea del teatro como juego, como un territorio donde las reglas se reinventan y el escenario se transforma en un laboratorio de posibilidades. La escenografía de Eva Aguiñaga crea un paisaje de hielo permanentemente amenazado; la iluminación de Matías Gorlero subraya la tensión entre la luz y la oscuridad; el vestuario de Mario Marín del Río dibuja una humanidad en ruinas frente a máquinas con identidad propia.
La música y el diseño sonoro de Pablo Chemor funcionan como un pulso emocional constante, sosteniendo el tono distópico sin subrayarlo de manera obvia. Todo el dispositivo escénico se articula con precisión, pero también con una libertad lúdica que evita el dramatismo excesivo.
Un elenco entre lo humano y lo mecánico
Verónica Bravo, Pablo Chemor, David Gaitán y Xóchitl Galindres habitan este mundo helado con una mezcla de rigor, entrega y sentido del humor. Sus personajes se mueven entre la fragilidad humana y la lógica implacable de la tecnología, construyendo una dinámica que oscila entre lo absurdo y lo profundamente emotivo.
El proyecto se sostiene también en un equipo creativo con una larga trayectoria de colaboración, donde destacan el diseño de maquillaje de Maricela Estrada y la asistencia de dirección de Antonio Jiménez. La producción ejecutiva de Mariana Calderón y Ángela Pastor refuerza un proceso que privilegia el diálogo y la imaginación colectiva.
Teatro para pensar el mañana
Oso Polar Decapitado no busca ofrecer respuestas claras sobre el futuro. Más bien propone un viaje escénico que invita a mirar con ironía y vértigo los miedos contemporáneos: el colapso ambiental, la inteligencia artificial y la fragilidad de nuestros vínculos. En ese cruce entre humor, ciencia ficción y melancolía, la obra encuentra su mayor potencia.
La temporada se presenta del 22 de enero al 15 de marzo de 2026 en el Teatro El Galeón Abraham Oceransky, con funciones de jueves y viernes a las 20:00 h, sábados a las 19:00 h y domingos a las 18:00 h. La duración aproximada es de 100 minutos.

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