El Pan de Muerto Challenge sigue su camino por la CDMX y esta vez llegó a Santa María la Ribera, una de mis colonias favoritas por su mezcla entre lo tradicional y lo moderno, donde conviven las panaderías de toda la vida con cafeterías nuevas que buscan reinterpretar los clásicos.

La misión era clara: seguir en la búsqueda del mejor pan de muerto de la ciudad. Pero, como en toda buena aventura, esta parada tuvo de todo —buenos momentos, decepciones y una que otra sorpresa dulce.

26. Quality Bakery

Empecé el recorrido en Quality Bakery, una panadería de las de antes, de esas que huelen a horno y margarina desde la banqueta. Su pan de muerto fue el más barato del recorrido: 14 pesos, y sí, se notó. Más que un pan de muerto parecía una concha disfrazada, cubierta con margarina para que el azúcar se pegara bien.

Ligeramente seco, con un sabor que me recordó a anís, aunque no logré identificarlo del todo. Un pan sencillo, sin pretensiones. No compite con los grandes, pero tiene su encanto nostálgico: el sabor del pan dulce de barrio.

27. El Pan de María

Después seguí con El Pan de María, parte del grupo María la Italiana. Llegué con mucha ilusión porque normalmente su pan es excelente, pero esta vez no tuve suerte.

Me tocó un pan que parecía del día anterior: seco y sin mucho sabor. Elegí su versión tradicional, hecha con ceniza de totomoxtle, pero no logró brillar. Eso sí, el dorado de la corteza y la forma del pan dejaban claro que, si hubiera estado fresco, podría haber sido espectacular.

Fue una de esas experiencias que te dejan pensando: “debo volver, pero en otro día” (pero en este reto, no hay dos oportunidades).

28. Casa Santa María

La tercera parada fue en Casa Santa María, un restaurante combina estética antigua con recetas clásicas. Su pan de muerto tenía un marcado sabor a azahar, con una miga densa y una textura más pesada de lo esperado.

Aunque era suave, terminaba empalagando un poco por el azúcar pulverizado. Rico, sí, pero nada fuera de lo común y algo caro para lo que ofrece. Un pan que cumple, pero no conquista.

29. Madre

El siguiente fue Madre, una panadería sencilla y cálida, de esas que se sienten honestas. Su pan de muerto fue modesto en sabor, con notas de naranja y un toque muy leve de mantequilla.

A pesar de no ser muy intenso, resultó reconfortante: un pan que sabe a hogar, sin artificios. Además, a 30 pesos, es una opción accesible y cumplidora. Perfecto para acompañar un café sin mayores complicaciones.

30. Altamira

Cerré la jornada en Altamira, donde la experiencia fue… peculiar. Me entregaron el pan muy caliente por fuera, pero frío por dentro, como si hubiera sido calentado en microondas después de estar congelado.

El sabor era muy cítrico, pero no precisamente a naranja —más bien algo parecido al limón amarillo (pero no estoy seguro de esto)—, y una mantequilla demasiado intensa que no terminaba de convencer. Una pena, porque la textura era prometedora y el pan lucía bonito. Quizá con un poco más de cuidado podría haber brillado.

Santa María la Ribera me dejó con sentimientos encontrados. Entre panes que parecían del día anterior, experimentos fallidos y precios bajos que reflejaban su calidad, esta parada fue más de aprendizaje que de descubrimiento.
Aun así, vale la pena perderse por sus calles y probar, porque cada panadería —por sencilla que sea— guarda una historia, un sabor y un intento por mantener viva la tradición.