El Pan de Muerto Challenge sigue su marcha por la CDMX y, aunque todavía no llegamos ni a la mitad, ya hay muchas historias entre miga, mantequilla y azahar. Esta vez, el recorrido me llevó al Parque Hundido y sus alrededores —entre Extremadura, San Juan y Del Valle—, una zona que huele a pan recién horneado a cualquier hora del día.

36. Passmar

La ruta comenzó en la nueva sucursal de Passmar, uno de los cafés de especialidad pioneros del país. Tenía grandes expectativas, pero el pan no las cumplió. Solo quedaba la versión cubierta de chocolate —me aseguraron que era la misma masa que el tradicional azucarado— y resultó más concha que pan de muerto. La miga, seca y sin alma; el sabor, apenas un eco de naranja al fondo. No es un mal pan, pero es imposible no sentir que le faltó cariño.

37. Colmena Café

La segunda parada fue Colmena Café, un rinconcito agradable junto al Parque Hundido. Confieso que no esperaba mucho, pero me llevé una buena sorpresa. El pan no era el más fresco (de hecho, era el último que quedaba), y aun así conservaba un sabor intenso a naranja con toques ligeros de mantequilla. Ligeramente seco por dentro, húmedo por fuera, pero sabroso. No es un destino panadero en sí, pero maridado con su latte con miel de abeja —una joya de la casa—, todo tiene sentido.

38. Aurelia

Después llegó Aurelia, la parada más elegante —y también la más cara— de este bloque. Su pan cuesta $70, pero se siente la dedicación detrás. Azúcar espolvoreada al momento, miga suave y densa, un marcado sabor a mantequilla y sutil toque de azahar. Se desmorona fácil, pero en boca es reconfortante, cálido, como un pan hecho para tardes lluviosas. Caro, sí, pero cumple.

39. Conejo Negro Café (Royal Bunny)

No podía faltar una visita a Conejo Negro, mi café favorito de la zona. Su pan de muerto lo elabora Royal Bunny, y por 35 pesos es una joyita. Aromático, con presencia de azahar y un dejo de mantequilla al final, suave y esponjoso, aunque un poco denso. Un pan que no busca impresionar, solo acompañar bien un café bien hecho. Y lo logra.

40. Happy Bakery

Para cerrar la jornada, fui a Happy Bakery, donde confieso que llegué con altas expectativas. Ya había probado su pan antes y me encantaba, pero esta vez me quedé corto de emoción. Su versión más tradicional lleva carbón activado (no ceniza), lo que le da ese color negro tan llamativo. Es bonito, tiene notas intensas de naranja y nuez, y el azahar aparece apenas al final. Rico, pero sin magia. Bonito pan, buena idea, ejecución cumplidora.

Cinco panes distintos, cinco experiencias muy humanas. Desde el café que decepcionó hasta la panadería que sorprendió sin pretenderlo, esta vuelta por el Parque Hundido recordó que el Pan de Muerto Challenge no solo se trata de encontrar “el mejor pan”, sino de recorrer historias, probar tradiciones y entender que el encanto está, muchas veces, en la imperfección.